12 enero 2016

Michael Caine, el actor que sería Rey

Francisco Peña.

Con amistad y cariño, para Pablo Oddone. En recuerdo de una deliciosa conversación cinéfila y un par de cigarrillos, en Montevideo, Uruguay.

A sus 82 años, el actor es la imagen del “inglés” clásico en cine: agente secreto, oficial, soldado, mujeriego consumado. Las nuevas generaciones lo reconocen como el último “Alfred” en la serie de acompañantes de Batman, y en Interestelar.


La vida de Michael Caine, que en el momento de publicar este artículo tiene 82 años, ha sido un viaje exitoso del oscuro anonimato a la luz del estrellato internacional no exento de altibajos, de los cuales fue rescatado por dos increíbles encontronazos con la buena suerte. Cuando nació el 14 de marzo de 1933, en un barrio obrero “cockney” en el sur de Londres, nada predecía que Maurice Joseph Mickewhite (su verdadero nombre, que sigue usando en cualquier circunstancia ajena a su carrera profesional) llegaría a romper las rígidas barreras entre clases sociales que existen en la sociedad inglesa y triunfar como actor. Su padre trabajaba en el mercado de pescados de Billingsgate como acarreador de mercancía –“diablero” en México- y su madre era sirvienta y cocinera; Caine está orgulloso de su origen y conserva acentos y giros de lenguaje “cockney” en su vida diaria.


De su infancia oscura a ganador de dos Oscar, Bafta y Globos de Oro hay un comienzo de pobreza, terquedad en triunfar y la mano de la diosa Fortuna. Dejó la escuela a los 15 años y trabajó como recadero en las productoras Peak Films y Rank; cumplió su servicio militar en el Regimiento Real de la Reina y los Fusileros Reales y vio acción en Corea. En 1953 trabajó en varias compañías teatrales y allí conoció a su primera esposa, la actriz Patricia Haines, con quien se casó en 1955. Pero cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana: sólo conseguía unos pocos papeles pequeños y Patricia estaba embarazada. A pesar del nacimiento de su hija Dominique, el matrimonio duró sólo casi tres años.


Fue en esa época en que cambió su nombre artístico de Michael Scott al de Caine. Él mismo cuenta que se inspiró al ver una marquesina que anunciaba El motín del Caine y que “si hubiera visto al otro lado, habría terminado como Michael Ciento Un Dálmatas”. Para 1962 se acercaba a los 30 años y varios actores de su generación ya se ubicaban en mejor posición. Terence Stamp (el fotógrafo de Blow Up, de Antonioni) cuenta que Caine había decidido dejar la actuación a los 30, pero poco antes la diosa Fortuna tocó a su puerta de la mano del actor Stanley Baker: le ofreció un papel en la película Zulu (Cy Enfield, 1964). Irónicamente el actor “cockney” representó impecablemente a un oficial inglés de clase alta. Las puertas se le abrieron de golpe y comenzó a ser el icono de “el británico”.


En Zulu

Apuntaló su carrera con el personaje de Harry Palmer, agente secreto menos sofisticado que James Bond, en El archivo Ipcress (Furie, 1965). Hizo varias secuelas de la franquicia como Funeral en Berlín y El cerebro del billón de dólares. Treinta años después Caine reviviría a Palmer en Bala para Pekín (1995) y Medianoche en San Petersburgo (1996).


Zulu e Ipcress le consiguieron el protagónico de Alfie (Lewis Gilbert, 1966), donde actuó a un exitoso mujeriego cuyo carácter va madurando conforme enfrenta las dificultades de la vida. Alfie le dio fama y una nominación al Oscar como mejor actor. Hilvanó películas como La batalla de Inglaterra (Hamilton, 1969) y actuó junto a Sir Lawrence Olivier -en un duelazo actoral- en la detectivesca Sleuth (Mankiewicz, 1972) y fue nominado al Oscar por segunda vez. En 2007 hizo el remake de Sleuth (Branagh) invirtiendo los papeles con Jude Law, que hizo el rol que Caine actuó en 1972 y él cubrió el de Olivier.



En 1971 Caine vivía aceleradamente: tres botellas de vodka y fumando 4 cajetillas diarias. El proceso de autodestrucción presagiaba una tragedia cuando la diosa Fortuna le tendió la mano por segunda vez. Una noche vio en TV un comercial del café Maxwell House con una modelo preciosa. Para el close up final Caine sabía que “era la mujer más bella que jamás había visto” y se propuso conocerla. La suerte estaba de su lado. Esa misma noche un conocido, Nigel Politzer, le dijo que la chica era Shakira Baksh y tenía 24 años. No era brasileña sino india nacida en Guyana, que como Miss Guyana obtuvo el tercer lugar en Miss Mundo y ¡vivía en Londres a sólo tres kilómetros de su casa! La localizó y le pidió cenar con él y luego de 10 días –los más largos de su vida- la tuvo frente a frente: fue amor a primera vista. Shakira le hizo notar su problema con el alcohol y, por amor, cortó con la bebida. Para enero de 1973 estaban casados y ese año nació su hija Natasha. Hasta hoy la pareja sigue unida.


En 1975 recibió una llamada de John Huston. Le propuso el papel de Peachy Carnehan, un sargento “cockney” del ejército inglés en India, y compartir créditos con Sean Connery: se trataba de El hombre que sería rey. Era un viejo proyecto basado en un cuento de Rudyard Kipling, que años atrás iban a actuar Humphrey Bogart y Clark Gable. En una cena Huston comentó que la actriz principal había renunciado y, cómo resorte, Shakira dijo que ella NO iba a hacerlo. Pero el director fue cálido, amable y persuasivo: Shakira se transformó en la deslumbrante Roxanne. Para ver la buena suerte que tuvo Caine basta ver a Shakira en la cinta de Huston.



El hombre que sería rey es extraordinaria como cine de aventuras con un sutil fondo teológico muy interesante. Muestra a Caine en plenitud de facultades en mano a mano con Connery. Carnehan/Caine es el “cockney” de Londres, el inglés pragmático, el que construye puentes y advierte a su amigo de los peligros que acechan al usar el poder; Dravot/Connery es el escocés, el celta soñador que termina creyendo el mito de ser descendiente de Alejandro el Grande. Ambos conquistan Kafiristán (reino imaginario cerca de Afganistán) pero Carnehan, ante el peligro real, no abandona a su amigo aún después del matrimonio “blasfemo” de Dravot-Roxanne. La cinta es una de las cimas de la carrera de Caine (y de Huston, claro).




Después el actor mezcló cine comercial (El emjambre, Ashanti, La isla, Más allá de la aventura del Poseidón) con cine de arte como Hannah y sus hermanas (Allen, 1985, Oscar al Mejor Actor de Reparto), Mona Lisa (Jordan, 1985), Educando a Rita (Gilbert, 1983, Bafta a Mejor Actor) y Pequeña voz (Herman, 1998, Globo de Oro a Mejor Actor) entre otras. Pero el público masivo lo reconoce más en el buen cine comercial como Un puente demasiado lejos (Attenborough, 1977), Vestida para matar (De Palma, 1980), jugando futbol contra nazis en Victoria (Huston, 1981) y Miss Simpatía (Petrie, 2000) hasta rematar en el papel de Alfred en la franquicia impulsada por Christopher Nolan: Batman inicia (2004), Batman: el caballero de la noche (2008) y Batman: el caballero de la noche asciende (2012).


Nolan ha reconocido el talento innato de Caine. Se reencontraron para la filmación de Interestelar (2014), la extraordinaria película de ciencia ficción donde Caine personificó al profesor John Brand. Con este personaje, Caine demostró una vez más que pertenece a ese selecto puñado de actores cuya presencia llena la pantalla de cine con unas pocas líneas o unas pocas escenas.


Como concluimos Pablo Oddone y un servidor en la conversación que ambos tuvimos a la entrada del restaurante El Fogón, en Montevideo, Uruguay (23 octubre 2015), no se trata de actores desbordados que se actúan a sí mismos una y otra vez (Pacino, o De Niro en papeles decadentes) sino de aquellos que impactan con su sola presencia, que están al servicio de su personaje pero que proyectan un aura personal de fuerza, de magnificencia actoral. En esta última categoría Michael Caine está acompañado por otros actores como Donald Sutherland, Ian McKellen, Sean Connery o Martin Sheen. Como afirmó ese día Pablo Oddone, es la singular cadena de actores que sobreviven a las modas, que se incorporan a la historia de cine, que continúan la tradición de excelencia actoral: Gary Cooper, Henry Fonda, Tyrone Power, Errol Flynn, Cary Grant…


A sus 82 años, con una carrera de más de 100 películas, los logros de Michael Caine son evidentes. Es parte de la historia del cine mundial y es respetado por público y crítica. Nada mal para un “cockney” de la clase obrera que rompió barreras sociales para pasar de las sombras a la luz… de la mano de la diosa Fortuna.