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03 abril 2021

Un largo y doloroso camino / La búsqueda / Riding alone for thousands of miles, de Zhang Yimou. Por David Guzmán

Zhang Yimou: la relevancia de lo pequeño.

 David Guzmán

Cartel del film

- ¿Lloras? - pregunté a mi hermana.

- Sí – respondió.

-¿Sabes que director hizo esta película? – contesté.

- No.

- Es de Zhang Yimou, el mismo que hizo ‘El Camino a casa’ y ‘Ni uno menos’. Es experto en hacer llorar, como puedes ver. – Le dije.

- Sí, eso veo – me dijo, mientras se dibujaba una tímida sonrisa en su rostro.

Ni uno menos / Not one less - Festival Venecia

Y es que, me precio de no cocerme al primer hervor en esto de que una película me haga llorar. Incluso, en el caso del cine de Yimou siempre estoy a la expectativa de ver, en qué momento o secuencia, este estupendo director hará esta jugarreta que me provocará la lágrima e insisto, sabiéndolo de antemano, siempre lo logra. Su cinta ‘Un largo y doloroso camino’ no es la excepción.

Cartel del film

Todos sabemos que Yimou ha tomado a partir de ‘Héroe’ dos vertientes en sus realizaciones: el cine intimista y el de las grandes superproducciones. Hay entre sus adeptos una polaridad muy marcada entre quienes gustan del primer estilo y a los que les atrae el segundo. Yo estoy en el punto medio: me gusta el Yimou que se da el lujo de entrarle a ambas vertientes, las disfruto por igual aunque no dejo de reconocer que siendo sentimental –como soy-, posiblemente me produzca mayor placer ‘emocional’ y estén mejor instalados en mi memoria los emotivos momentos de sus películas ‘sencillas’; aunque no desdeño los logros visuales de ‘Héroe’ ó ‘La casa de las dagas voladoras’ que sí me han quitado el aliento. Es más, ahora y después de haber visto ‘Un largo y doloroso camino’, espero con ansias ‘La Maldición de la Flor Dorada’ que ha generado en el mundo sentimientos encontrados pero personalmente confío en que Yimou saldrá de nuevo bien librado.


 Pero califiqué de ‘sencillas’ sus películas más intimistas porque están plagadas de situaciones que por ser cotidianas, no les damos el justo valor. Yimou si lo hace en sus cintas, es uno de sus sellos distintivos y lo que provoca la mirada nostálgica de quienes asistimos a ver sus filmes. La vasija rota en la que Ziyi Zhang le lleva alimento a su amor platónico (el maestro) en ‘El Camino a Casa’, los gises de colores que hay que cuidar en ‘Ni uno menos’, la flauta que desaparece el amo de Gong Li en ‘La Linterna Roja’ ó el silbato con el que despide un niño a Ken Takakura en ‘Un largo y doloroso camino’, todos elementos sencillos que son dotados de gran carga emotiva en las historias que nos cuenta.

En el caso de esta última, Yimou trabaja con esa leyenda del cine japonés, Ken Takakura (Antarctica, Lluvia Negra), que personifica a un padre japonés cuya relación con su hijo (adulto) se rompió diez años atrás. 

Podríamos decir que gran parte de la premisa principal es la imposibilidad de la comunicación y cómo afecta la vida de los protagonistas. Es la actualidad y este padre intenta reconciliarse con su hijo enfermo, quién lo rechaza sin darle la mínima oportunidad de verlo. La nuera, le entrega al papá un video en donde el hijo (Kenichi, gran admirador de la cultura china, en especial de la ópera tradicional) intentó que un artista de ópera cantara sin conseguirlo. Gouichi (Takakura) encuentra en esta anécdota, el pretexto para intentar reconciliarse con su hijo: buscar a ese cantante y filmarlo cantando y decide ir a buscarlo a China, encontrándose con demasiadas complicaciones (empezando por el idioma) para lograrlo.

Zhang Yimou

Todas las anécdotas del filme funcionan como alegoría de la incomunicación. Gouichi, con voz en off, explica lo difícil que es para él reestablecer la comunicación con su hijo (a quien nunca vemos pues su importancia radica en ser una especie de pivote que desatará toda la travesía del título). Ya en China, necesita el apoyo de una traductora que lo conduzca hasta el cantante (ahora preso). Un guía de turistas (Lingo) hace las veces de conexión entre Gouichi y los altos mandos de los que se requiere autorización para grabar al artista. El drama personal de éste último que obliga a Gouichi a buscar al pequeño hijo del cantante (que no conoce) en un lejano pueblo; la eventual desaparición de ambos en una zona montañosa con cuyo acercamiento (dadas las circunstancias) Gouichi pareciera redimirse pues no recuerda haber sentido el deseo de proteger tanto a su hijo como a este pequeño desconocido y hoy lo hace. Todo pues, reforzando la premisa principal.

Tonos ocre y azules claros permean buena parte de la cinta. No hay exceso de paisajes espectaculares (brillan por su ausencia valles llenos de flores que en ‘El camino a casa’ eran un personaje más) plenos de color que de repente han catalogado de manierista a su director; todo muy matizado, sutil…pero siempre sin perder ese encanto visual tan característico del cine de Yimou.

Es curioso que en México aún siendo Zhang Yimou un director ya muy conocido, su cinta haya salido en DVD sin llegar siquiera a exhibirse en corrida comercial. Hay pues que buscarlo y regocijarse con su trabajo. Ahora no resta más que esperar pacientemente ‘La Maldición de la Flor Dorada” con la idea en mente que, el trabajo de Yimou nuevamente, no nos defraudará.

 

02 abril 2021

Padre, El / Father, The, de Florian Zeller.

Por Francisco Peña.

“Los recuerdos del porvenir”.

Esta cinta aborda con honestidad la demencia senil causada por la enfermedad de Alzheimer. Con un equilibrio muy difícil de lograr en pantalla, sin sentimentalismo, amarillismo o frialdad, se adentra en el territorio de la enfermedad mental al cual el cine comercial común le tiene fobia.

Desde clásicos del cine como Nido de Víboras / The Snake Pit (Anatole Litvak, 1948, con Olivia de Havilland) y Atrapado sin salida / One flew over the cuckcoo's nest (Milos Forman, 1975) son pocas las cintas que abordan las enfermedades mentales. Si a eso sumamos que son aún menos las que tocan la ancianidad como tema central tal como lo hace Mis tardes con Margueritte(Jean Becker, 2010, con Gisele Casadesus y Gerard Depardieu), son contadas las que combinan el deterioro físico y/o mental en las personas adultas mayores. Aparte de "El Padre" podríamos remontarnos a Amor / Amour (Haneke, 2012) como antecedente cercano e inmediato.

En este contexto, "El Padre" se atreve a narrar la condición Alzheimer, como causa de demencia senil, desde adentro de quién la padece: el personaje central de Anthony, de 83 años, interpretado por el actor Anthony Hopkins.

Con este enfoque duro sin concesiones, pero ausente de crueldad o amelcochamiento, el film de Zeller se adentra en el laberinto de la pérdida de memoria, sus discontinuidades, su incesante deterioro irrefrenable, su doloroso proceso de emborronamiento y desaparición de la personalidad.

Al ser honesta, la película no evade la corrosión que el Alzheimer y la demencia senil causan en familias, en hijas que cuidan a sus progenitores hasta el límite de sus capacidades existenciales, interpersonales y económicas; que barren con ellas al igual que con sus pacientes.

El guión, basado en la obra teatral del mismo nombre y escrita también por Florian Zeller, maneja los recuerdos discontinuos de la mente de Anthony. Al principio se abordan las primeras manifestaciones de olvido en su departamento, donde vive solo pero con la visita diaria de una de sus dos hijas, Anne. Su preferida es la otra, Lucy, una pintora, a la que hace meses que no ve, pero no recuerda porque no lo visita, aunque conserva con gran cariño una pintura de una niña encima de su chimenea.

Anne y Anthony, en el departamento de él. Cálido, paleta marrón.

Anthony se muestra reacio a aceptar que tiene problemas con la memoria, uno de cuyos signos recurrentes será su reloj de pulso. A lo largo de todo el film, el reloj es un objeto que olvida donde lo puso: lo cree robado, perdido, “expropiado” por un familiar político. Su relación con el reloj es uno de los marcadores de su deterioro mental. Termina por simbolizar su deseo de ubicación en el tiempo: saber la hora, si es de día o noche, una última forma de orden en su existencia.

Entre el inicio y la secuencia final, se entrelazan distintos momentos de la vida de Anthony. Sus peleas con sus cuidadoras alquiladas (amateurs semiprofesionalizadas por su experiencia al ser “su trabajo”), su vida en su departamento, en “nueva” vida en el departamento de su hija donde ya tiene tiempo de vivir para atendido de forma más cercana, su estancia en un asilo particular especializado. A lo anterior se suman distintas fases de las relaciones de Anthony con Anne, la ausencia de su hija Lucy, con su joven cuidadora Laura que se parece físicamente a Lucy, con su yerno Paul, con su enfermera.

Llegada de Laura

Laura atenta a lo que dice Anthony


Anthony, alegre, baila tap para Laura.

 

Laura ríe divertida con las ocurrencias de Anthony.

Estos elementos existenciales (y argumentales) se mezclan en la mente de Anthony de forma asincrónica, donde su imaginario se mezcla con su realidad de forma no líneas, con la diacronía rota con base en olvidos o revoltijos entre lo dicho, escuchado o imaginado.

En una visión terrorífica, quiénes ven la película comparten con Anthony la confusión creciente entre lo que recuerda y no, si es real o ficticio, cada vez con menos asideros en una memoria poco confiable. Así, en una narración donde el público sólo sabe lo que sabe el personaje, termina por sentir su angustia, su negación, su ira, su apatía, su desamparo e indefensión finales.

Un proceso semejante ocurre en su hija Anne (Olivia Colman). En un principio bastan las visitas diarias de supervisión, pero las exigencias de trabajo, relación interpersonal y cuidado doméstico de su padre la desgastan horriblemente.

Anne escucha a su padre durante una visita.

Ambas vertientes, la de Anthony y Anne, chocan sin patetismo ni concesión melodramática para el público. Quienes ven la película terminan confundidos como Anthony en la mezcla de lo que ocurre, lo que él recuerda y que va olvidando cada vez más con el paso del tiempo. Asimismo, comparten el deterioro de Anne como cuidado, entre el deber filial y amoroso con el equilibrio de su propia existencia llevado al límite por la condición Alzheimer de su padre.

Este juego intrincado de tiempos y situaciones mentales, de olvidos cada vez más graves y confusos generan el valor existencial, social y cinematográfico de esta película. La y el espectador “vive” en la mente de Anthony, siente su deterioro y consecuencias trágicas; atestigua el drama desgastante de Anne y, lo más valioso, se pregunta qué haría frente a una circunstancia semejante en su propia vida. ¿Quién eres? ¿Quién soy?

Esta película, honesta y dura, logra este efecto en la audiencia gracias a su puesta en escena cinematográfica, que no olvida sus raíces teatrales sin ser “teatro filmado”. Claro, lo primero que destaca son las excelentes actuaciones de Anthony Hopkins y Olivia Colman, cuyos diálogos son una joya emocional in crescendo.

En el caso de Hopkins, la secuencia final es un diamante de su trabajo actoral al servicio de su personaje, donde consigue meternos no sólo en la piel, en la mente de Anthony, sino hasta lo más profundo de su total desamparo. Esta secuencia trágica es el resultado de una actuación brillante donde en momentos es jovial, danzarín, seductor… o un hombre iracundo que se defiende ante lo que cree son ataques del exterior.

¡No dejo mi departamento!

Por su parte, Colman se luce con su creación de Anne mediante la exposición descarnada del hartazgo que genera el cuidado de un paciente con una enfermedad sin solución. Atrapada entre su ética, su amor filial y su deseo de vivir, Colman muestra como va “día a día” desde la compra de un pollo, el quehacer doméstico de lavar platos, planchar, también trabajar, y que tiene que lidiar con su padre y su pareja que presiona para enviar a Anthony a un asilo.

Es como si fuera una extraña para él
El resto del elenco “de carácter” aporta con sus intervenciones una riqueza al contexto argumental y de puesta en escena que impulsa aún más la brillantes de los dos personajes principales.

Destaca también el asombroso manejo escenográfico en la cinta. Los departamentos y el asilo tienen una distribución semejante. Pero, así como la mente de Anthony se deteriora poco a poco por su desmemoria Alzheimer igual pasa con los departamentos. Del departamento suyo, lleno de objetos, libros, muebles, recuerdo, se pasa al departamento intermedio de Anne / suyo donde los estantes se van vaciando, los libros desaparecen, y los objetos en la cocina se desvanecen. Un ejemplo significativo es la desaparición del cuadro con la niña, de Lucy, en la pared de la chimenea. Marca la pérdida del recuerdo, el empobrecimiento de la mente y entorno del padre respecto de su hija preferida.

Anthony descubre que el cuadro de Lucy ya no está en la pared.

El departamento más desnudo (Anne) con el cuadro de Lucy al fondo.


Finalmente, en forma parecida al cuento “Casa tomada”, de Julio Cortázar, los espacios de Anthony (y de Anne) se reducen, se vacían y se pierden. El asilo es el último cuarto, con el último sillón, buró, la última fotografía familiar y la última ventana. En la realidad, el proceso se debe a que tanto paciente como persona cuidadora abandonan cuartos, zonas de la casa a las que ya no se puede dar tiempo de mantenimiento ante las exigencias que genera la enfermedad por debilidad del paciente y responsabilidades aumentadas de quién le cuida.

La ventana por donde se asoma el padre también juega un papel significativo en el esquema estructural semiótico del film. Su ventana al mundo cambia: ciertos puntos físicos son diferentes y marcan cambio de departamentos/físicos pero también de estados de desmemoria del personaje. El proceso semántico de las ventanas remata con lo que se puede ver afuera de la ventana al final de la cinta.

La ventana del departamento inicial, el suyo.

En paralelo, dentro del diseño estructural de todo el film, la edición es seca, en momentos a corte directo sin respiro que produce ligeras confusiones en el público correlacionadas con la confusión del personaje principal y que, en su correspondiente puesta en escena puede implicar la aparición/desaparición de personajes en la memoria/olvido de Anthony.

Asimismo, la fotografía -que siempre es “obscura” aunque sea de día, con cortinajes, o de noche- pasa de los tonos cálidos marrones del inicio a azules, grises y blancos cada vez más fríos (al parejo que se desnuda la memoria y la escenografía). Este rasgo constante de cinefotografía se suma a la estructura oculta del film, que sostiene los diálogos y actuaciones para interiorizar al público dentro de los dos personajes principales, con Anthony como eje.

Por otra parte, las situaciones argumentales de Anthony y Anne que expone “El Padre” no son exclusivas de personas adultas mayores con problemas de salud mental y sus familiares cercanos. Por ejemplo, pacientes con cáncer en sus diferentes manifestaciones y sus familiares viven lo mismo: ese “día a día” que muestra como la enfermedad avanza y apaga a quienes la padecen ante la impotencia de las y los cuidadores, con angustia, ansiedad, desesperanza; aún cuando enfrentan al cáncer con la esperanza de frenarlo con distintos protocolos y pelean “día a día” la larga derrota colgados de un clavo ardiente.

Otra reflexión argumental que nace de “El Padre” es cuando el público observa la violencia que sufre Anthony a manos de Paul, la pareja de Anne. Considera que el viejo se entremete en la relación y la destruye. No es su padre y se desespera antes: Paul comienza con la presión para que Anne interne a su progenitor y termina golpeando, humillando a Anthony, que llora ante los golpes porque por edad ha perdido todo vigor físico para poder defenderse ante la injusta agresión. Tan es importante esta escena que Anne, que descubre el hecho violento, se separa de su pareja.

A todo lo anterior se suma la ausencia del Estado. En todo momento, la historia se desarrolla en espacios privados, ninguno es público. Esta ausencia total es resultado de políticas donde la población adulta mayor no tiene valor económico: no produce, solo gasta y consume recursos. Pero tampoco son una solución las políticas clientelares que le dan una lanita a las personas adultas mayores (siempre insuficiente si no se suma a una jubilación decorosa, que tampoco hay muchas). Tienen algunos efectos positivos como un regreso de la autoestima de esta población porque gastan algo que “es suyo” y deciden en qué, pero que redundan en el agradecimiento acrítico de quien da la “dádiva” -aunque sea por “por ley”-: el gobierno y el partido que entregan. Mismo gobierno y partido que recortan o asfixian los presupuestos directos a las instituciones de salud mental del Estado y que rebotan en poblaciones adultas mayores con estas enfermedades concretas como el Alzheimer y la demencia senil.

“El Padre” es una excelente película, pero no es para todos los públicos, sobre todo los que buscan sólo entretenimiento. Va para público de nicho enfocado a cine de ideas, de lectura concentrada y que exige su atención, para quién acepta que se le cuestione desde la pantalla.

En síntesis, “El Padre” enfrenta a su audiencia con posibles Recuerdos del Porvenir. Le pone en pantalla cuestionamientos de que harían posibles pacientes de Alzheimer y de las personas que les tendrían a su cuidado. Se presta a múltiples reflexiones cómo, por ejemplo, qué sucede cuándo la red de protección de la o el paciente sólo tiene a otro miembro de la familia nuclear, no hay familia extendida y la política agrede a la o el paciente débil. Toca a la población adulta mayor porque es la que vive en mayor estado de vulnerabilidad, pero se abre a pacientes de otras edades con enfermedades crónico-degenerativas de alta corrosión física y mental. El hecho de que la audiencia salga de ver “El Padre” con más preguntas que respuestas y reflexiones sobre estos Recuerdos del Porvenir no es un logro menor de este honesto film.

EL PADRE / THE FATHER. Producción: Trademark Films, Cine@, AG Studios NYC, Embankment Films ($), Film4, Viewfinder, Sony Pictures. Director: Florian Zeller. Intérpretes: Anthony Hopkins (Anthony), Olivia Colman (Anne), Imogen Poots (Laura), Olivia Williams (mujer, Anne, enfermera), Rufus Sewell (Paul), Ayesha Dharker (Dra. Sarai). Música: Ludovico Einaudi. Cinematografía: Ben Smithard. Edición: Yorgos Lamprinos. Diseño de Producción: Peter Francis. Decoración de Sets: Cathy Featherstone. Dirección de Arte: Amanda Dazely, Astrid Sieben.

Estrenada en el Festival de Sundance a inicios de 2020 y antes del estallido mundial de la pandemia por SARS-CoV-2 COVID-19. Recibió seis nominaciones al Oscar en 2021 e inició su exhibición en cine en México el 1 de abril de ese año en la cadena Cinépolis. Se puede ver en la plataforma Netflix.

Francisco Peña. Viernes Santo. 2 abril 2021. 11.30 hrs. Visionado. 1 abril 2021. 16:10 hrs. Cinépolis Miramontes, Sala 6. Bajo condiciones de sana distancia.







11 enero 2021

Una revolución en toda regla / Period. End of sentence, de Rayka Zehtabchi

Angélica Ponce.

El mundo no puede avanzar sin las mujeres, porque las mujeres somos las creadoras del Universo. Sneha


La menstruación se debate entre la invisibilidad y el tabú. Aunque los tiempos han cambiado y hay una mayor apertura en el Occidente ¿han notado qué pasa si, en una mesa, mientras se comparte una deliciosa comida alguien dice “periodo” y ya no digamos “menstruación”? Hagan el experimento, no importa si todas son mujeres o es un grupo mixto… se sorprenderán.


¿Por qué es importante hablar de la menstruación? Primero, porque es algo por lo que atravesamos todas las mujeres, poco más de la mitad de la población mundial, y segundo porque casi nadie habla con seriedad de ello.

En Occidente, para bien y para mal, hemos aprendido a burlarnos o a defender el periodo, de lo que implica y padecemos o disfrutamos. Abrimos la conversación y, a veces, nosotras mismas nos mofamos de ello o lo satanizamos. Yo, por ejemplo, reconozco que SÍ, ME PONGO HORMONAL… no lo sufro, pero tampoco lo celebro (¡¡¡escándalo!!!).

En 2019, el corto Period. End of sentence ganó un Oscar. Un cortometraje sobre la menstruación en Hapur, una comunidad rural cercana a Dehli, en la India. Mientras la miraba pensaba en algunas de las comunidades indígenas de México, en nuestras niñas occidentales, tan cerca de la precariedad educativa y tan cercanas a los usos y costumbres que las condenan a un matrimonio en la infancia y a la ignorancia de su cuerpo y de su salud sexual.

Pero lejos de ser una cinta que sentencia o acusa, el filme de Rayka Zehtabchi es una historia de cambio, es un corto propositivo, donde el discurso lo dan las mujeres a favor de las mujeres.

Sneha, una joven india, quiere ser policía, quiere tener una vida construida por ella misma y no por un marido ni una dependencia económica de un varón. Su principal obstáculo es mantenerse en la escuela, esa que la mayoría de las niñas abandonan cuando comienza su periodo menstrual porque no tienen toallas sanitarias ni un espacio para cambiarse las compresas de tela que se fabrican en casa.

Las niñas abandonan la escuela porque el periodo es malo, es sucio, huele y se ve mal. Y los niños, lejos de entenderlas y darles espacio, las espían y acosan para humillarlas. Ellas, entonces, claudican a los estudios.

La vergüenza limita y condena, y cuando Sneha descubre que hay otro camino, que las mujeres pueden ser libres y autónomas laboral y económicamente conoce a Arunachalam Muruganantham, un activista e inventor de la máquina de toallitas sanitarias baratas, que le da una opción a ella y otras mujeres para seguir sus sueños, olvidándose de pequeños grandes problemas como es la menstruación.

El corto de Rayka Zehtabchi es una gran cinta, que nos hace voltear a nuestro cuerpo, a nuestras ventajas en la sociedad que vivimos y, sobre todo, una gran ventana para apoyar y cuidar a nuestras niñas, a nuestras mujeres… El empoderamiento femenino comienza apoyando sus sueños que, a final, son los sueños de todas las mujeres. Nadie necesita limosnas ni dádivas, necesita herramientas para crecer y crear, y las mujeres lo hemos aprendido a lo largo de la historia de la humanidad.

Corto completo: http://www.raykazehtabchi.com/works

También se puede ver en Netflix.

Duración 26 minutos. 2018.



 

 

 

 

 

 

23 noviembre 2020

Ensayo, El / La repetition, de Catherine Corsini

Francisco Peña

Para David Guzmán.

"¿Te pasarás actuando las obras de tu novio?"
"¿Sólo debo estar presente cuando me necesitas?"
Louise a Nathalie

 


En días pasados recibí un correo de David Nyman como respuesta a un intercambio de ideas sobre el tema "El Director es la Estrella". David mencionaba, entre otras ideas y cuestionamientos, que dentro de ese esquema conceptual dónde dejaba yo el Cine de Actrices
 y citaba como ejemplo algunas películas en donde aparece Julianne Moore, una de sus preferidas.

Como una respuesta a esta amistosa y certera llamada de atención por parte de David, escribo ahora sobre una película de actrices. La cinta es El Ensayo / La Repetition, dirigida por Catherine Corsini, y que participó en el Festival de Cannes en la sección oficial. En el film actúan dos excelentes actrices del cine internacional: Emmanuelle Beart y Pascale Bussieres.

Emmanuelle Beart es uno de los rostros más bellos del cine francés actual. Pertenece a la generación que agrupa a Juliette Binoche, Isabelle Huppert, Sandrine Bonnaire y Julie Delpy. Pero Emmanuelle no sólo es una BElla ARTe sino una excelente actriz que no le pide nada a cualquiera de las mencionadas.

En México se han podido ver algunas cintas donde Beart participa, como 8 Mujeres (Francois Ozon, 2002), La Bella Latosa (Jacques Rivette, exhibida en México en 1992), L'Enfer / El infierno (Claude Chabrol, 1995), Voleur de Vie / Vidas robadas (Yves Angelo, 1999) y la más difundida de todas: Mission: Impossible (Brian de Palma, 1996).

Pascale Bussieres surge del cine canadiense. Su fama internacional se debe a dos películas de la cinematografía de ese país. La primera es When the night is falling / Al caer la noche (Patricia Rozema) y Cinco sentidos (Jeremy Podeswa). Junto con Mia Kirschner (Exótica, Atom Egoyan), Pascale Bussieres es una de las mejores actrices canadienses en activo. Mientras que Mia Kirschner dio el salto al cine hollywoodense en Mad City / El cuarto poder (Constantin Costa-Gavras), Pascale Bussieres se dirigió a Europa, especificamente a Francia.

Con estos antecedentes es interesante adentrarse en El Ensayo / La Repetition.

La cinta abre con un prólogo corto donde vemos a los dos personajes cuando tendrían unos 12 años. La amistad incipente se consolida por varios años. Luego aparecen ambas en un ensayo de una obra de teatro de corte estudiantil. Louise (Pascale Bussieres) y Nathalie (Emmanuelle Beart) se presentan cada una por su lado en una serie de monólogos. La igualdad entre ambas y su correspondiente amistad natural se ve fracturada por el resultado que obtienen frente al público. Louise tiene problemas y su actuación logra pocos aplausos. En cambio, Nathalie "fluye" con naturalidad en el escenario y el público se lo festeja.

Emmanuelle Beart y Pascale Bussieres

A partir de este punto, la directora Catherine Corsini va a mostrarnos los matices de esa amistad, su desarrollo a lo largo de los años mientras está puntuada por el cariño, la solidaridad, los celos, la bisexualidad, el odio y la venganza.

En esta gama emocional, las dos actrices se lucen en pantalla con un trabajo actoral lleno de luces y sombras, conforme avanzan las diferentes situaciones de estos dos personajes.

Esto queda claro luego de la obra de teatro estudiantil que marca la diferencia entre las dos mujeres. Louise tiene una dependencia emocional hacia Nathalie, mientras que la segunda quiere ampliar su vida a otras personas. La escena de celos que estalla en la discoteca mientras se celebra el final de la función apunta a una Louise que emocionalmente cela a Nathalie pero que es inconsciente de su deseo bisexual.

El rechazo de Nathalie en la discoteca lleva a Louise a intentar un suicidio. El resultado es que ambas amigas se separan por años. Louise saca a Nathalie de su vida sin ninguna explicación. Pero años después ambas se encuentran de nuevo y es, otra vez, en un teatro.

Nathalie es una actriz en una compañía de vanguardia y el director es su novio. Louise está casada y es técnica dental. Las profesiones y las relaciones con los hombres aportan rasgos a cada uno de los personajes.

Las relaciones emocionales y existenciales de ambas mujeres se complican. Louise entra en la vida de Nathalie, revisa sus cosas, entra en su intimidad y la aconseja profesionalmente. De hecho, empuja a Nathalie a una cita con un director reconocido que la quiere para el montaje de Lulú. Dicha cita provoca la ruptura del noviazgo de Nathalie con Mathias.

Louise y Nathalie desarrollan su relación como un par de imanes. Cuando hay distancia se atraen intensamente, cuando están muy juntas se repelen y se hacen daño.

En momentos de soledad o enfermedad, Nathalie llama a Louise a su entorno, pero la rechaza con crueldad cuando recupera un poco el control de su vida. Louise depende emocionalmente de Nathalie y de hecho está enamorada, aunque no reflexiona sobre la naturaleza de su atracción. 

La cinta entonces se concentra en tres niveles narrativos muy relacionados entre sí.

Por una parte está el ambiente del teatro, que ejerce presión emocional sobre ambas. Nathalie encuentra allí su realización mientras Louise busca la puerta que la reconecte a ese ambiente. En este punto, el hilo narrativo más importante es el proceso de selección de Nathalie para ser seleccionada como la actriz principal de la obra Lulú, su relación con el director y el hecho de que Louise provoque ese cambio radical en la vida de Nathalie, al grado de convertirla en una actriz muy famosa.

Otro punto actractivo en este plano es la comparación - confrontación de dos maneras de dirigir a los actores, cosa notoria en la diferencia entre los ensayos del teatro estudiantil y los ensayos del teatro profesional. Es curioso ver como el teatro de vanguardia y el profesional se retroalimental a pesar de que, en el prestigio, se desprecian.

También es muy interesante ver como dos reconocidas actrices a las que conocemos por medio del cine, también desarrollan sus habilidades en el escenario teatral, encajado dentro de la ficción fílmica. El rejuego actoral entre teatro y cine, entre personajes que actúan en teatro y actrices reales que actúan en cine y teatro es otro de los puntos atractivos del film de Catherine Corsini.

En ese sentido, Catherine Corsini (la directora también es estrella) maneja un gran equilibrio en la presentación de sus actrices en pantalla. A lo largo de la cinta va alternando en el énfasis en el guión, en la imagen y en los close ups a Emmanuelle Beart y a Pascale Bussieres.

Pascale Bussieres y Emmanuelle Beart forman una de esas mancuernas de actrices actuales que podrían pasar a la historia del cine por sus personajes y por sí mismas en base al trabajo actoral conjunto en un film A la memoria vienen actrices como Vivien Leigh y Olivia de Havilland (Lo que el viento se llevó), Bette Davies y Joan Crawford, Dominique Sanda y Stefania Sandrelli (El conformista), por mencionar algunas.

En otro nivel narrativo, el film destaca las relaciones de estas dos mujeres con los hombres. Louise es más sútil y pasiva porque dedica su fidelidad y una especie de "monogamia" a Nathalie, que es su verdadero "obscuro objeto de deseo".

Louise pasa paulatinamente de la inconsciencia y el desconocimiento al la conciencia, el deseo, la crítica, el odio y la frialdad.

Nathalie es más promiscua pero poco a poco pasa de estar rodeada de gente y amigos a una terrible soledad mientras recorre el camino de la fama. En ese sentido, Nathalie coquetea con una relación con Louise, la atrae y la rechaza de acuerdo a como se siente en cada situación. Del mismo modo está indecisa entre seguir dentro de la esfera creativa de su novio Matthias y ser dependiente, o buscar la autonomía personal y la carrera profesional con el director consagrado.

El tercer plano narrativo es la relación amor - odio entre las dos mujeres, que se va complicando a lo largo del film mientras se busca un clímax sexual entre ambas.

En ese sentido, el film de Catherine Corsini tiene un equilibrio muy bien diseñado en este punto. A diferencia de otras cintas que tocan la bisexualidad o el lesbianismo, Corsini si plantea un momento sexual pleno, pero lo enriquece con todos los escarceos previos de atracción - repulsión, con todos los detalles emocionales y de conducta que anuncian el encuentro sexual y a la vez lo transcienden.

De hecho, el film presenta una sola escena sexual abierta pero no se limita a ella como remate. Va más allá y se dedica a investigar sus consecuencias. Así, la atracción - repulsión toma al encuentro sexual de ambas mujeres como una etapa más de su complicada relación de amistad y amor, de odio y crueldad.

En dicha escena es Nathalie quien toma la iniciativa sobre Louise, luego de que la segunda suelta la frase que condensa su relación general: "No podemos volver a estar juntas, Siempre pasa lo mismo".

Así, mientras Louise reflexiona y profundiza en su conocimiento de esta relación, Nathalie se deja llevar por sus emociones cambiantes. Aunque al final ambas saben lo que ha implicado para sus vidas esta relación, Louise parece más madura mientras que Nathalie no ha podido desprenderse de su soledad existencial.

En esta rica gama de situaciones emocionales, Catherine Corsini presenta también tres tipos de secuencias en las que interactúan Nathalie y Louise.

Las primeras son las (pocas) escenas de equilibrio y bienestar entre ambos personajes. Sobre todo son notorias las secuencias donde ambas caminan por las calles de las ciudades. Es un momento de armonía que está subrayado y puntuado por una música de arpas con ligera influencia new age.

Las otras escenas son las de confrontación emocional entre ambas. Las peleas, recriminaciones y rechazos están remarcadas por las fallas en la conducta, las frases hirientes o evasivas, que curiosamente tienen un tinte de naturalidad y verosimilitud gracias a las actuaciones de Beart y Bussieres.


La tercera escena es la sexual, que resume la búsqueda dialéctica de la armonía final entre ambas, que nunca se alcanza, a partir del intento de solucionar sus conflictos luego de una confrontación severa.

En el manejo de estas secuencias, Catherine Corsini deja que la gama emocional de sus personajes se desprenda de las actuaciones de sus dos excelentes actrices. Pero usa muy bien las herramientas cinematográficas para captarlas.

Entre ellas destaca el uso del close up para recoger los dos bellos rostros de Emmanuelle Beart y Pascale Bussieres. Pero no se trata del estudiado close up hollywoodense, perfectamente medido e iluminado. No, este es un close up más europeo que busca ser ventana al alma de actrices - personajes. De hecho los encuadres no son "bellos" sino que son distintos.

Un ejemplo de ello es un close up en donde Emmanuelle Beart llora. La soledad del personaje de Nathalie y su desesperación está remarcada en tanto que el encuadre es poco usual. Se trata de un PERFIL completo donde no se remarca la extraordinaria belleza de la actriz sino su falta de maquillaje, llanto y lágrimas.

Ubicado en el contexto de la escena y del film, este close up ejemplifica el uso del recurso cinematográfico en toda la cinta.

También, para mostrar la habilidad de sus actrices, siempre dirigida en función de la narración en pantalla, Catherine Corsini equilibra en pantalla la presencia de sus actrices.

En distintos momentos del film el énfasis se recarga en Emmanuelle Beart o en Pascale Bussieres. En e se sentido, cada una de las dos actrices cuenta con momentos climáticos donde su trabajo actoral individual destaca con brillantez.

En el caso de Pascale Bussieres, ella se luce en los momentos en que ve las cosas de Nathalie, en los momentos posteriores a los que Louise ha sido rechazada. También en las escenas donde ve a Nathalie en los reencuentros.

Emmanuelle Beart recoge la ambiguedad emocional de Nathalie en los encuentros sexuales con sus compañeros, en los momentos de soledad, cuando va a entrar a escena. Destaca en las confrontaciones con su novio Matthias en donde da rienda suelta a los deseos de autonomía y de afirmación personal de Nathalie.

Pero, evidentemente, donde mejor se les ve a las dos actrices es en los momentos de confrontación mutua.

Destaca en ese sentido una de las escenas finales del film. Nathalie está enferma de peritonitis y se salva por la intervención de Louise. Pero ambas esperan la llegada de la ambulancia. En un silencio lleno de tensiones llaman a la puerta y Louise no hace nada por abrir a pesar del riesgo de muerte de Nathalie. Nathalie intenta abrir y se desploma.

Las tomas finales, mientras Nathalie le pide a Louise que abra, terminan en el silencio mientras ambas se miran. Allí, la capacidad actoral de Emmanuelle Beart y Pascale Bussieres brilla ante la ausencia de diálogos donde las miradas y el llanto de las dos lo dicen todo.

Otra escena, menos intensa pero de buena factura actoral, es cuando Nathalie se emborracha en un bar y comienza a hacer confidencias a Louise.

La ansiedad, el deseo, el rechazo, el odio y el amor... En fin, la complejidad de las relaciones humanas encuentran en estas dos actrices un vehículo excelente en el marco del cine francés y europeo. En este tono, no es gratuita la mención - homenaje que el film hace de otra gran actriz del cine mudo: Louise Brooks. Se cita en forma abierta la película Lulú, donde Brooks actúa dirigida por el alemán Pabst, en uno de los clásicos del cine mudo.

No se trata pues de una cinta de Hollywood que es vehículo de la presencia de una actriz a la que venden como una "marca" en el mercado, al igual que un perfume. Es una cinta en la que el trabajo actoral brilla precisamente porque ESTA EN FUNCION DEL PERSONAJE REPRESENTADO.

La excelencia actoral de Emmanuelle Beart y Pascale Bussieres destaca precisamente porque pueden plasmar en pantalla las pulsiones, las conductas contradictorias, los impulsos de dos mujeres que cobran vida en Nathalie y Louise.

De esta forma es como el espectador puede sentir la soledad, la pasión y el deseo de dos personajes: por el trabajo actoral. El percibir todo el conjunto y gozar de él NO cancela tampoco el placer de ver dos de los rostros más bellos del cine internacional, que por si mismos, por la belleza de Emmanuelle Beart y de Pascale Bussieres, hacen que valga la pena para ver El Ensayo / La Repetition.

Por suerte, la cinefilia por estas actrices se ve también recompensada por una buena película francesa, por personajes complejos pero entendibles y por la dirección de Catherine Corsini, que supo sacer lo mejor de Emmanuelle Beart y Pascale Bussieres y dejar que gozáramos de su presencia, una vez más, en el misterioso mundo de la pantalla de plata.