02 julio 2016

Rewind, de Nicolás Muñoz

Francisco Peña.



Para entender lo que sucede en Rewind, cinta española de Nicolás Muñoz, tenemos que desarrollar primero un planteamiento sobre lo que ocurre cuando hay una nueva idea argumental en el cine.



Cuando surge una idea narrativa por primera vez es innovadora, fresca y sorprendente para el espectador de cine o el lector de un libro. Nunca antes se había manifestado en una obra, y enriquece el repertorio de las maneras de narrar un hecho que están a disposición de los artistas posteriores.

Uno de los ejemplos más famosos y conocidos es La Rosa Púrpura del Cairo, de Woody Allen. En dicho film, la frontera entre ficción y realidad se rompe cuando un personaje sale de la pantalla y se enamora de una de las espectadoras (Mia Farrow) que día a día va a verlo al cine.


Allen asume todas las consecuencias de su idea narrativa en la película. Tanto el universo de lo "real" como el universo "del film" se alteran sensiblemente. Esas alteraciones y rejuegos entre pantalla / realidad son la base de las extraordinarias situaciones de comedia que Allen nos cuenta en La Rosa Púrpura del Cairo. Esto sólo lo puede hacer un narrador genial como lo es el director y comediante neoyorkino. De hecho, no sólo se contenta con desprender de la pantalla a un personaje; también trepa a la proyección a Mia Farrow y "altera" el universo de la cinta.

En síntesis, ni en la película ni en la realidad nadie sabe qué hacer ante la nueva condición: la frontera ficción / realidad está rota y nuevas situaciones y libertades se desprenden del hecho. De allí que La Rosa Púrpura del Cairo sea una de las películas más brillantes de Woody Allen.

De este ejemplo se desprenden tres hechos:

1. Una idea narrativa recién descubierta forma ya parte de la historia del cine. El hecho de que un personaje de la pantalla baje de ésta e interactúe en la realidad se debe a Woody Allen y a nadie más. Este hecho siempre estará vigente y será recordado.

2. Al formar parte del repertorio de ideas narrativas a disposición de los autores, estos podrán realizar variaciones interesantes o estúpidas en pantalla. Se ha descubierto un filón argumental que puede explotarse o desperdiciarse.

3. La idea narrativa innovadora debe explotarse a fondo en el contexto de la obra que la presenta por primera vez.

Allen juega con todas las posibilidades argumentales cómicas que se desprenden de su idea, lo que enriquece La Rosa Púrpura del Cairo ante los ojos del cinéfilo.

Una vez desarrollado este planteamiento es posible abordar el film español Rewind, de Nicolás Muñoz. La cinta surge de una idea narrativa innovadora: el hecho de que se pueda regresar a situaciones del pasado inmediato de los personajes en el momento en que se aprieta el botón rewind de una cámara de video.


El por qué sucede este fenómeno no importa. Es un hecho de fantasía que no necesita explicación en el universo argumental de la obra. Lo mismo sucede con La Rosa Púrpura del Cairo. Estamos en el universo de la fantasía pura y no en el de la Ciencia Ficción, que al menos solicita como género una explicación lógica.

Regresar al pasado inmediato y poder cambiarlo, al accionar el botón rewind de una cámara de video, es un hecho que el personaje Andrés descubre al experimentarlo en carne propia.

Muñoz coloca esta nueva situación argumental al centro de su cinta. Alrededor, lo que sucede es que el artista e instalador de antenas Andrés invita a una pareja de amigos (Belén y su novio) y a una chica (Mónica) a la que se quiere ligar y, de ser posible, encamar esa misma noche. Típico escenario de una comedia de enredo y relaciones.


Los cambios en comedia se suceden en la primera parte de la cinta. Belén llega sin el novio, con quien se peleó; Mónica invita a la cena a un convidado que no es de piedra sino un tenista muy activo en seducirla (Manu), a Andrés se le quema la cena (cordero y tortilla de huevo aderezada con un porro o toque de mariguana).

El cambio de relaciones de las parejas y el intento de Andrés de corregir la situación ayudado por Belén es el eje de la cinta. Cada vez que algo escapa totalmente del control de Andrés, usa la cámara para regresar al pasado inmediato y corregir sus múltiples errores.

En el primer regreso al pasado las cosas funcionan argumentalmente y todo encaja muy bien en el film hasta ese momento, donde se logra el compliciato y la admiración de sus espectadores.


Mencionemos dos ejemplos de la variación argumental atinada con base en su innovadora idea de regresar al pasado gracias a la cámara.

En el primer planteamiento, Andrés y Belén abren la puerta y descubren que Mónica es acompañada por Manu, el antipático convidado de piedra. Pero hay dos personas que saben lo que ocurre al dar rewind a la cámara: Andrés Y el espectador, que es el cómplice en la narración.

Luego de dar rewind a la cámara, la situación se repite y Andrés, que ya sabe que el tenista acompaña a Mónica, le azota la puerta en la cara a Manu. La risa del público es instantánea.

Lo mejor de Rewind está en esta primera parte, en la primera modificación del pasado: la cena no se quema, Andrés domina la situación y aprovecha la ventaja sobre Manu para ligarse a Mónica (Paz Gómez). El espectador, que es el único que comparte ese saber, goza con las pequeñas venganzas de Andrés.


El otro ejemplo es la caída de una escultura móvil de Andrés. Primero Manu la toca y ésta se destroza en el piso. En siguiente cambio, Andrés hace que le caiga a Manu en la cabeza; en el tercero, Andrés hace que le caiga a él para ser apapachado por las mujeres.

El mismo procedimiento narrativo se repite a lo largo de la película. El hecho de que Andrés y el público sepan el mecanismo para cambiar el pasado inmediato está en la base de las situaciones cómicas de la cinta.

Hasta este momento, la idea narrativa del rewind suena perfecta. Pero Muñoz no explota a fondo su descubrimiento argumental y lo desperdicia.

Muñoz no controla su idea original, ni a sus personajes en el desarrollo argumental, lo que hace que la película "se le caiga" conforme avanza.

Antes, de ver el porqué de la falla de la película, hay que contar entre los logros que tiene las actuaciones frescas de las dos mujeres, diálogos que fluyen en forma natural y no se sienten forzados. El manejo de la cámara en el ambiente cerrado de un departamento está resuelto con solvencia y es uno de sus mejores aciertos.

Un logro argumental es la amistad solidaria de Belén (María Adánez, la Pija de la serie televisiva Aquí no hay quien viva) y Andrés. Se quieren mucho como amigos, y uno trata de ayudar al otro en su situación sentimental.

Pero el grave error de Nicolás Muñoz está en que no hace variaciones interesantes de comedia o melodramáticas a partir de las modificaciones del pasado inmediato.

Desde la llegada de Pablo, el celoso novio de Belén, las confrontaciones entre los personajes matan la comedia y las peleas se vuelven melodramáticas. Muñoz no se decide por una de ellas para estructurar su cinta y explotar a fondo su idea.

Empieza a desesperar que el mecanismo narrativo de la cámara esté en manos de Andrés, que encarna la paulatina degradación del guión. La estupidez y desesperación de Andrés, provocada porque no puede deshacerse de Manu y ligarse a Mónica, representa la torpeza de Muñoz para desarrollar su historia y sus personajes.

La idea de fondo, que Andrés sea incapaz una y otra vez de controlar toda la realidad que lo rodea, no se explota ni se hace patente ni en comedia ni en melodrama. Andrés empieza a dar de tumbos sin saber que hacer al igual que el libreto de Muñoz.

Las situaciones se alargan, se repiten, pero ya no provocan risa ni mueven sentimientos, los personajes se desdibujan. No hay variaciones significativas para el cinéfilo.

Un ejemplo de esa falta de control del guión por parte de Muñoz está en Mónica, ese claro objeto de deseo de Andrés y Manú. Primero se quiere quedar en la fiesta -rewind- y decide irse de golpe con Manu -rewind- y se queda con Andrés y hasta quiere seducirlo.

Lo que conoce el espectador de Mónica no le permite entender los cambios del personaje, que parece carecer de motivaciones para vivirlos.

Si se sostiene es gracias a la actriz Paz Gómez, que le da vida cuando escapa a las situaciones escritas. Su momento más brillante es la secuencia de baile, donde destaca su manera visual de bailar llena de frescura que transmite a su personaje, y lo hace trascender más allá de la pura belleza física.



Pero el problema del diseño del personaje de Mónica en el guión se hace extensivo a todos los personajes, especialmente el generador de situaciones: Andrés.

Poco a poco, el espectador se aburre al descubrir que a Muñoz y su guión les pasa lo que a Andrés. Ha tenido una brillante pero es incapaz de conducirla creativamente hasta sus últimas consecuencias. De la misma forma, Andrés tiene la posibilidad de modificar el pasado y quedarse con Mónica, pero su desorden personal le impide conseguir lo que quiere.

El paralelismo negativo Muñoz-guión / Andrés - situaciones se sostiene hasta sofocar la película.



El mejor giro narrativo es el "final - final", pero quien tiene el control del rewind de la cámara ya no es Andrés. De igual forma, el guión de Muñoz usa su mejor sorpresa al final, pero ya el director no tiene el control de su obra completa.

La sorpresa llega demasiado tarde porque lo que se ha visto en medio es aburrido y reiterativo. No se han aportado nuevos elementos ni en las situaciones ni en la psicología de los personajes, lo que empobrece la película.

El que Muñoz haga que Andrés apriete una y otra vez el rewind, en lugar de abrir las posibilidades argumentales las cierra. De hecho, se gasta esta idea narrativa porque sus consecuencias son cada vez más pobres.

Esto fractura también el placer del espectador, que se aburre. Ya no se goza con lo que sucede porque lo que sabe el público no se utiliza en el guión para hacer que avance la historia.

A diferencia del genio creativo de Allen, se siente que Muñoz fue incapaz de imaginarse algo más complejo que trascendiera su original idea. La cinta provoca finalmente un estado de insatisfacción porque desaprovecha la riqueza de su idea original, y escamotea al espectador el placer que le promete en su inicio.

REWIND. Producción: Nicolás Muñoz, PC y Alta Producción. Director: Nicolás Muñoz. Guión: Rodrigo Muñoz y Nicolás Muñoz. Año: 1999. Fotografía: Teo Delgado. Música: Alvaro de Cárdenas. Intérpretes: Daniel Guzmán (Andrés), Paz Gómez (Mónica), María Adánez (Belén), Enrique Simón (Manu), Tristán Ulloa (novio de Belén). Duración: 94 minutos. Distribución: Latina.