En memoria de Dora María Pinner Solorio, mi compañera de vida por 37 años.
En recuerdo de cómo disfrutamos juntos las películas navideñas que tanto le gustaban. Una de ellas, que vimos varias veces, fue En otro tiempo, en otro lugar / A Dream of Christmas.
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Diálogo entre Penny (Nikki de Loach) y Stuart (Andrew Walker) en la película En otro tiempo, en otro lugar / A Dream of Christmas, de Hallmark (2016).
Penny: You’re following your heart.
And can you just promise me something?
Stuart: Yeah.
Penny: If I never see you again
Don’t forget me.
Stuart: I promise.
La producción de Hallmark de 2016, A Dream of Christmas / En otro tiempo, en otro lugar / Un sueño de
Navidad, dirigida por Gary Yates y protagonizada por la actriz Nikki DeLoach,
en apariencia se presenta, superficialmente, como una obra moralizante
navideña. Sin embargo, a través de una perspectiva estructuralista, descubrimos
un complejo sistema de intercambios narrativos y bifurcaciones temporales. No
se trata simplemente de una película sobre el deseo de tener más; es un estudio
del desplazamiento espacio-temporal del yo dentro del ámbito doméstico.
En el primer acto, Penny (Nikki DeLoach) se encuentra en un
estado de fricción narrativa. Su vida está definida por el desorden de una
existencia modesta: un negocio de fotografía con dificultades, su marido Stuart
(el actor Andrew Walker) cuya ambición es local en lugar de global, y el peso
omnipresente de las tareas domésticas. La película establece una oposición
entre la Estética de la Abundancia (el sueño, la aspiración personal) y la
Estética de la Escasez (la realidad).
La intervención del "Ángel" o el "Espíritu Navideño" (con la actriz Cindy Williams) funciona como el agente del cambio y la metamorfosis. Al conceder el deseo de Penny de ser "soltera y exitosa", la película comienza un reinicio estructural. Ya no nos encontramos en una línea temporal lineal (la realidad), sino en un bucle recursivo donde la protagonista se ve obligada a observar su propia vida desde una perspectiva externa. El Ángel es la editora del manuscrito de su realidad.
Stuart, en esta realidad "onírica" alterna, ya no es el esposo, sino un extraño simbólico. La brillantez de la tensión estructural reside en que el hombre permanece idéntico mientras su valor relacional con Penny cambia. Se convierte en el "Otro". La búsqueda de Penny por él no es simplemente un esfuerzo romántico; se suma a un intento de recuperar el significado perdido de su propia historia.
El "Ángel" actúa como guardián liminal. Cuando
Penny expresa su arrepentimiento, el diálogo a menudo refleja una mala
interpretación del contrato cósmico. El Ángel no castiga; El Ángel simplemente
reconfigura el mundo de Penny para mostrarle que el "éxito" sin el
"anclaje doméstico" resulta en un vacío existencial.
Debemos examinar la arquitectura del sueño. En su nueva vida, el hogar de Penny es frío, minimalista y ostentoso. Esta es la representación estructural de su ambición profesional como factor primario de su vida. Sin embargo, la película argumenta que este espacio es inhabitable porque carece de la “calidez” del desorden anterior. El desorden, por lo tanto, no es una carga, sino un signo de la vida compartida.
La carrera de Stuart como fotógrafo es fundamental para la ideología visual de la película. La fotografía es el arte de capturar un instante en el tiempo: congelar la imagen. Esto refleja la estructura de la película: Penny está «congelada» en una realidad donde tiene la imagen perfecta, pero ninguna historia que la acompañe.
El conflicto entre Penny y Stuart en la “nueva” realidad es
una deconstrucción del cortejo. Dado que Stuart no recuerda su pasado
compartido, Penny debe rebasar el límite ético de la “seducción mediante el
conocimiento previo”. Utiliza su conocimiento del alma de él para eludir los
protocolos estándar de la intimidad, creando una tensión moral en su búsqueda
de restauración.
Desde una perspectiva ética, la película aborda el costo capitalista del deseo. El anhelo inicial de Penny se presenta como una búsqueda del propio éxito sin concesiones, pero la narrativa sugiere que su insatisfacción fue un catalizador necesario para su eventual evolución. Sin el "Sueño", habría permanecido estancada en un estado de resentimiento contra Stu y las personas que la rodean.
El diálogo en la galería revela la desesperación ontológica
de la situación de Penny. Cuando le dice a Stuart: “Sigues a tu corazón.
¿Puedes prometerme algo? Si no te vuelvo a ver, no me olvides”.
Le pide al “Otro” que valide una existencia que, en su línea temporal, nunca ocurrió. Es una súplica para que la memoria trascienda las barreras estructurales del multiverso.
La respuesta de Stuart —«Lo prometo»— es el puente semántico. Incluso sin la historia compartida, la resonancia estructural entre sus personajes permanece intacta. La película sugiere que el amor es una constante fundamental que existe al margen del éxito profesional o el estado civil.
El clímax de la película gira en torno a la resolución de la
dicotomía. No basta con que Penny simplemente "regrese" a su vida
“real” inicial. La estructura exige una síntesis. Si la película terminara con
su simple regreso a su antigua vida, sería una tragedia ineludible de sumisión
e inequidad de género. En cambio, la narrativa le brinda un giro inesperado y
positivo a su carrera.
El amor de Penny por Stuart no implica renunciar a su carrera; más bien, le proporciona la infraestructura emocional necesaria para sostenerla. La película subvierte el tópico de la "mujer que elige el amor sobre el trabajo". Penny elige ambos, pero con la comprensión de que el trabajo sin amor es un significante vacío, y el amor sin propósito, uno estancado.
El "Ángel" reaparece para cerrar el círculo, confirmando que el viaje temporal fue una herramienta pedagógica. El elemento sobrenatural desaparece, dejando solo al sujeto transformado. Penny ya no es la mujer que anhela una vida diferente; es la mujer que tiene las herramientas para construir la vida que ya tiene. Esta transformación se expresa mejor a través de la reevaluación de la fotografía. Al final de la película, las imágenes que Penny observa ya no son solo activos profesionales; son artefactos de su experiencia vivida. El "sueño" sirvió para transformarla de una observadora pasiva de su vida a una participante activa en su construcción.
Además, el papel de Stuart en su carrera experimenta un cambio funcional. Ya no es la razón de su estancamiento, sino su aliado en su crecimiento. Al apoyar sus sueños, ella encuentra el espacio necesario para expandir los suyos. Se trata de un intercambio simbiótico de apoyo que reemplaza el resentimiento parasitario anterior.
Penny se convierte en la editora de la obra fotográfica de Stuart como autor y artista mundial. Ser editora NO es un papel secundario. Abramos un paréntesis para mencionar sólo a algunas editoras y su papel en el cambio cultural:
- Carmen
Balcells (La "Mamá Grande"): Representó a seis premios
Nobel de Literatura (García Márquez, Vargas Llosa, Neruda, Aleixandre,
Cela, Asturias). Revolucionó la industria al defender los derechos de
autor y las regalías sobre los contratos vitalicios que imponían las
editoriales y asegurándose que los autores recibieran liquidaciones justas
por sus derechos.
- Virginia
Woolf (Hogarth Press): Junto a su esposo Leonard, fundó The
Hogarth Press en 1917, publicando sus propias obras y a autores
modernistas clave, incluyendo las primeras traducciones de Freud y obras
de T.S. Eliot y Katherine Mansfield. Su enfoque era publicar obras cortas
o experimentales que las editoriales comerciales rechazaban.
- Esther
Tusquets (Lumen): Una figura clave en la edición española durante
el siglo XX, dirigió la editorial Lumen, destacando por su apuesta por la
literatura de calidad y por descubrir nuevos talentos, siendo una de las
pocas mujeres liderando el sector en esa época.
- Sylvia
Beach: Fundadora de la librería y editorial Shakespeare
and Company en París. Es famosa por haberse arriesgado a publicar
el Ulises de James Joyce cuando nadie más se atrevía por
temor a la censura.
- Victoria
Ocampo (Editorial Sur): Figura central de la cultura argentina,
fundó la revista y editorial Sur, que sirvió de puente entre las
literaturas europea y americana, publicando a autores como Borges y Bioy
Casares.
- Angélica Ponce: A diferencia de las figuras históricas mencionadas anteriormente, su labor se centra en la industria editorial de medios masivos y la coordinación de proyectos bibliográficos dentro de uno de los grupos de comunicación más grandes de México. Se desempeña como editora en la Editorial de Milenio, perteneciente al Grupo Multimedios en Monterrey, Nuevo León. Su trabajo es fundamental para la producción de libros que documentan la historia, la política y la cultura regional y nacional; su labor integra el periodismo de investigación con el formato libro, coordinando ediciones que suelen tener un gran alcance social y político en México.
Volvamos al film navideño.
El diálogo entre Penny y Stuart en la galería "alternativa" sirve como ancla semiótica de toda la película. Cuando Penny le implora: "Si no te vuelvo a ver, no me olvides", no solo se dirige a un hombre; se dirige a su propia historia perdida. Este momento representa la crisis del yo olvidado. En términos estructuralistas, si el "Otro" no reconoce al sujeto, este deja de existir en esa realidad social. La promesa de Stuart de recordarla, a pesar de no tener ninguna razón empírica para hacerlo, sugiere un residuo metafísico que trasciende el guion del deseo.
Esto nos lleva a la ética del retorno redentor. La película
plantea que la vida original de Penny no fue un error, sino un borrador sin
pulir. Su insatisfacción provenía de un "bloqueo estructural": la
incapacidad de ver a Stuart como un colaborador en lugar de una limitación. En
el sueño, cuando ve a Stuart dedicándose con éxito a la fotografía sin ella, la
dicotomía entre su éxito y el de ella se rompe. Ella comprende que su
estancamiento mutuo fue una elección, no un destino.
Consideremos la escena en la que Penny finalmente entiende la mecánica de su desarraigo. Se enfrenta a la realidad de que su carrera "perfecta" en la ciudad es un significante vacío. Carece del "peso histórico" de su matrimonio. El diálogo a menudo gira en torno a la idea de "volver a casa", pero para Penny, "casa" ya no es un lugar físico; es un destino temporal. Debe navegar por el laberinto ético que ella misma ha creado para ganarse el camino de regreso a una realidad que incluye el "desorden" que antes despreciaba.
La relación con el "Ángel" (o la guía recurrente)
resalta la naturaleza pedagógica de lo sobrenatural. La guía no ofrece
soluciones; ofrece "perspectivas". Cuando Penny se queja de la
frialdad de su nueva vida, el silencio de la guía la obliga a descifrar la
estructura de sus propios deseos. Ella actúa como el sustituto del público,
observando a la protagonista transitar de un estado de "frustración
inconsciente" a una "acción consciente".
El desenlace de la película es una resíntesis de la identidad profesional. En muchas historias navideñas, la "mujer de carrera" es castigada al verse obligada a renunciar a su trabajo para llevar una vida tranquila. A Dream of Christmas / En otro tiempo, en otro lugar / Un sueño de Navidad subvierte esta idea. Penny no regresa y abandona su profesión; regresa y cambia la perspectiva con la que ve su trabajo. Aplica la implacable determinación que aprendió en el sueño a su vida real, pero la atempera con la inteligencia emocional adquirida tras su pérdida.
El amor de Penny por Stuart se convierte en el catalizador
de su evolución profesional, en lugar de su verdugo. Se da cuenta de que Stuart
nunca fue el obstáculo que le impedía avanzar, sino el fundamento sobre el que
podía construir. Este es el "nuevo giro": la comprensión de que lo
doméstico y lo profesional no son un juego de suma cero. En el último
fotograma, el "sueño" ha logrado reintegrar su identidad fragmentada
en un todo singular y empoderado.
En definitiva, la película funciona como una crítica a la falacia de que "siempre se desea lo que no se tiene". Mediante sus bucles narrativos, demuestra que cambiar las circunstancias es inútil sin cambiar la propia estructura interna. Penny regresa a la misma cocina, al mismo marido y al mismo pueblo, pero gracias a la reordenación de su estructura interna, el mundo que la rodea se transforma de una jaula de oro en un reino de posibilidades.
La Navidad como fondo de la historia.
En la película, la temporada navideña es mucho más que un simple telón de fondo festivo; actúa como un catalizador cósmico para la introspección. La relación de Penny y Stuart se presenta inicialmente a través del prisma del agotamiento propio de la temporada, donde la "magia" de la Navidad ha sido reemplazada por la fricción de las expectativas no cumplidas. Al situar la tensión en su matrimonio en un paisaje de luces centelleantes y alegría comunitaria, Yates enfatiza el aislamiento que siente Penny incluso rodeada de la calidez de la temporada.
A medida que la narrativa se traslada a una realidad alternativa, el escenario navideño se convierte en un laboratorio para poner a prueba la fuerza de su vínculo. En este mundo hipotético, la ausencia de su historia compartida se siente con mayor intensidad a través de la falta de las tradiciones navideñas que alguna vez los definieron. Los adornos y árboles de Navidad en la nueva y acomodada vida de Penny son estéticamente perfectos, pero emocionalmente vacíos, contrastando fuertemente con la Navidad auténtica y desordenada que compartió con Stuart.
Este segmento central de la película sugiere que el "significado" de la Navidad reside en la celebración misma entrelazada con la persona elegida para celebrarla, lo que convierte a Stuart en la verdadera guía emocional de Penny.
En última instancia, la Navidad sirve como forja para su reconciliación. El tictac del reloj en Nochebuena crea una urgencia narrativa que obliga a Penny a despojarse de sus deseos superficiales, revelando una profunda necesidad de la relación que daba por sentada. El "milagro navideño" en este contexto no es la magia que concede su deseo, sino la claridad que adquiere respecto al valor de Stuart. Su relación se restaura no porque sus problemas hayan desaparecido, sino porque el espíritu navideño inspira un compromiso renovado para afrontar juntos los desafíos de la vida, demostrando que el mayor regalo es la perspectiva que se obtiene ante la amenaza de la pérdida.
La interpretación de Nikki DeLoach es el motor de esta transformación, ya que dota a Penny de una inquietud compleja y con la que el público puede identificarse. DeLoach evita el estereotipo de la "esposa infeliz" al retratar las contradicciones de Penny con un delicado equilibrio entre ambición y vulnerabilidad.
En los primeros compases de la película, capta la silenciosa desesperación de una mujer que ama a su marido pero se siente asfixiada por las limitaciones de su realidad actual. Su talento interpretativo permite al público empatizar con el deseo de Penny de "más" sin verla como una desagradecida, anclando el conflicto interno del personaje en una búsqueda profundamente humana de autorrealización.
Mientras Penny navega por su vida alternativa, Nikki DeLoach explora magistralmente la disonancia entre el éxito profesional y el vacío personal. Interpreta la versión "exitosa" de Penny no como una villana, sino como una mujer que descubre que alcanzar los sueños puede ser una tarea solitaria sin una base de amor.
La expresividad de DeLoach se manifiesta plenamente al
retratar la creciente comprensión de Penny; los sutiles cambios en su mirada y
las grietas en su apariencia impecable revelan un alma que poco a poco reconoce
sus prioridades equivocadas. Es a través de la interpretación matizada de
DeLoach que las contradicciones de Penny comienzan a resolverse en una visión
de la felicidad más madura y singular.
En el final de la película, Nikki DeLoach lleva a Penny a un estado de armonía integral, demostrando que el amor, la familia y la profesión no son mutuamente excluyentes, sino que se refuerzan mutuamente. Su actuación sugiere que la "mejor versión" de Penny es aquella que puede abrazar sus aspiraciones profesionales sin perder la estabilidad familiar que le proporciona Stuart.
La interpretación de Nikki DeLoach de esta epifanía es realista y sincera, evitando el sentimentalismo en favor de una verdad emocional duramente conquistada. En la escena final, Penny se ha convertido en una mujer que comprende que la verdadera plenitud proviene de una vida donde su corazón y sus ambiciones laten al mismo ritmo, una hazaña que resulta creíble gracias al profundo arte interpretativo de DeLoach.
Armado y edición: Francisco Peña.













