06 enero 2026

San Francisco de Asís, por Cimabue, y la “Oración Simple de San Francisco”

El retrato de San Francisco de Asís realizado por Cimabue (Cenni di Pepo) es una de las piezas más conmovedoras y significativas de la historia del arte medieval. No es una obra aislada, sino que forma parte del fresco de la Maestà (Virgen en Majestad) situado en el transepto derecho de la Iglesia Inferior de la Basílica de San Francisco en Asís, pintado aproximadamente entre 1285 y 1288.

Importancia Religiosa

Este retrato no es solo una imagen decorativa; es un manifiesto teológico de la orden franciscana en su etapa de consolidación.

El concepto del "Alter Christus": La importancia religiosa radica en cómo Cimabue muestra los estigmas de forma clara en manos y pies, por lo que el fresco valida visualmente el milagro del Monte Alvernia. Para el fiel del siglo XIII, esta imagen confirmaba que Francisco era el espejo perfecto de la pasión de Jesús.

Humanidad y Humildad: A diferencia de otros santos que solían representarse con vestiduras gloriosas, Cimabue lo pinta con un hábito tosco y remendado, descalzo y con una apariencia física desgastada (barba rala, orejas prominentes, mirada melancólica). Esto refuerza la doctrina de la Paupertas (pobreza extrema) y la cercanía del santo con el pueblo llano.

Testimonio Visual: La tradición franciscana sostiene que Cimabue se basó en las descripciones de frailes que conocieron personalmente a Francisco (fallecido en 1226). Religiosamente, esto le otorga a la pintura el valor de una "reliquia visual" o un testimonio casi presencial de su fisonomía real.

Importancia Artística y Estilística

Cimabue es el eslabón perdido entre la rigidez de Bizancio y el naturalismo del Renacimiento.

Ruptura con el "Manierismo Italo-Bizantino": Aunque mantiene el fondo dorado y cierta frontalidad, Cimabue introduce volumen. El cuerpo de Francisco ya no es una silueta plana; tiene peso y ocupa un espacio real.

Expresividad Psicológica: Es uno de los primeros intentos de captar una emoción individual. No es una cara genérica de santo; es un hombre que sufre y reflexiona. Esta capacidad de dotar de "alma" a la pintura fue la lección principal que heredó su discípulo más famoso, Giotto.

La Técnica del Claroscuro: Empieza a utilizar sombras sutiles para definir los rasgos faciales, alejándose de las líneas negras y rígidas que caracterizaban al arte griego/bizantino anterior.

El retrato de Cimabue podemos situarlo cronológicamente en el desarrollo de la iconografía franciscana:

La primera representación conocida (y aceptada unánimemente) es la tabla de Bonaventura Berlinghieri en Pescia (1235), pintada apenas 9 años después de la muerte del santo. Es una imagen muy rígida y bidimensional.

Segunda fase (Maestros anónimos): Entre 1235 y 1280 existen otras representaciones importantes, como la del Maestro de San Francisco (también en Asís) y la de Margaritone d'Arezzo.

El retrato de Cimabue se considera en la cuarta o quinta gran tipología iconográfica, pero es la primera de "estilo moderno". Si bien no es la primera cronológicamente, es considerada la primera representación naturalista. Mientras que las anteriores (como la de Berlinghieri) eran "iconos" simbólicos, la de Cimabue es el primer "retrato" en el sentido moderno de la palabra.

ORACIÓN SIMPLE DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz.
Donde hay odio, que lleve yo el Amor. 

Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión. 

Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad. 

Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;

ser amado, como amar.

Porque es:

Dando, que se recibe;

Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.