El Estilo de Hans Memling y sus Contemporáneos Flamencos
Hans Memling (c. 1430-1494) fue uno de los grandes maestros
de la Escuela de Brujas y un pintor central de los Primitivos Flamencos.
Su estilo se distingue de sus contemporáneos por una combinación única de
técnica brillante y un tono emocional particular:
Serenidad y Suavidad: Sus figuras son elegantes,
tiernas y bellas, con una emoción contenida. Fue muy popular entre los
comerciantes y la clientela italiana (como los Portinari).
Realismo Técnico: Dominio absoluto del óleo sobre
tabla. Sus obras son un canon de realismo detallado (minute realism),
destacando en retratos y fondos de paisaje.
Recibió una fuerte influencia de Rogier van der Weyden
(posiblemente fue su aprendiz) en composición, pero suavizó el dramatismo de
este.
La "Anunciación" (Colección Robert Lehman)
La tabla (óleo sobre roble, c. 1480-1489) es una obra de
devoción privada, destacada por su iconografía inusual y su maestría
estilística.
Sentido Religioso (Iconografía)
El foco principal de la iconografía es la pureza de la
Virgen y su papel como Madre, Novia y Reina de los Cielos.
La
Virgen Desmayada (Inusual): Memling presenta una innovación
iconográfica al mostrar a la Virgen María desmayándose o colapsando,
sostenida por dos ángeles asistentes (vestidos con albas
sencillas), una adición muy rara en las Anunciaciones.
Este
desmayo es interpretado como un presagio de la Pasión de Cristo
(la compassio de María), vinculando la concepción del Hijo con su
futuro sacrificio en la Cruz.
La
Encarnación: La Paloma del Espíritu Santo desciende sobre un
rayo de luz directamente hacia María, indicando que la Encarnación se ha
cumplido. La Virgen señala un libro de oraciones (las Escrituras),
aceptando su destino.
Símbolos
de Pureza:
El jarrón
con lirios blancos (azucenas) sobre la cómoda es el símbolo universal
de la virginidad de María.
La cama
ricamente decorada y el interior lujoso simbolizan el vientre de
María como el "cuerpo" o el "tabernáculo" que
albergará a Dios, a la vez que la ambienta en un confortable entorno
burgués.
El Arcángel
Gabriel viste ricas ropas, dignas de un mensajero celestial ante una
reina.
Sentido Estilístico
Composición
Dinámica y Espacialidad: A pesar de la pose inusual de la Virgen,
Memling crea una sensación de movimiento en el espacio. Los bordes
de la capa del Arcángel Gabriel se extienden fuera del plano pictórico,
sugiriendo su reciente y repentina llegada.
Realismo
de Detalle: El cuadro exhibe la maestría técnica flamenca: se aprecian
los pliegues de las telas, las ricas texturas del brocado de Gabriel, el
brillo de los objetos y los detalles del pavimento.
Luz
y Color: Memling utiliza un colorido sorprendente (como se
menciona en el análisis de la obra), especialmente en las vestimentas de
Gabriel y los ángeles, que contrasta con la palidez de la Virgen y
contribuye a la opulencia y solemnidad de la escena.
En conjunto, esta obra representa la cumbre de la serenidad
devocional flamenca, donde la emoción es profunda pero contenida, y la técnica
está puesta al servicio de una iconografía rica y moderna para su época.
Blog dedicado a Paris Cote García, compañero de aventuras en el "legendarium" de J. R. R. Tolkien.
"Anar kaluva tielyanna".
En el universo de John Ronald Reuel Tolkien, en su "legendarium", su "lore", existen múltiples momentos narrativos donde las relaciones entre los distintos personajes provocan un giro estructural y muy significativo en la Historia de Arda, en la historia del mundo y sus diferentes habitantes.
Muchos de estos giros son tenues, poco notorios, cotidianos, pero sus consecuencias en la narración son significativas.
Es el caso del encuentro entre la elfa Galadriel y el enano Gimli.
En este blog, presentamos a la audiencia de este sitio la traducción al español de un video en YouTube donde un fan académico de Tolkien se enfoca a explicar estructural y significativamente varias parte del "legendarium" que, por estar en inglés, escapan al conocimiento de las y los fans lectores de su obra en Latinoamérica y España, que viven en la esfera hispanohablante.
A ellas, a ellos, entrego para su lectura esta traducción de un excelente canal en YouTube, que espero visiten a futuro. Procedo.
(tres cabellos individuales o hebras, no mechones como trenzas)
¿Cómo tres cabellos cambiaron el destino de un
enano?
Bienvenidos a la Tierra Media develada. Estoy verdaderamente agradecido que
estén aquí. El tiempo es precioso y no doy por sentado el suyo.
Empecemos y descubramos cómo la humildad de un enano logró lo que todo el
poder de la Primera Era no pudo. Durante tres eras, elfos y enanos vivieron
divididos por un odio ancestral. Su sangre manchó los pasillos de Doriath; sus
rencores eran más profundos que las minas de Moria.
Sin embargo, en la hora más obscura de la Tercera Edad, un Señor
Enano se arrodilló ante la Dama de la Luz, no por oro, no por mithril, sino por
algo mucho más precioso; algo que una vez le fue negado al elfo más poderoso
que jamás vivió.
¿Qué movió a Galadriel a
concederle a Gimli lo que le había negado al mismísimo Fëanor? ¿Qué poder
residía en estas simples hebras y cómo este regalo le valió a un enano el
pasaje a la Tierra Imperecedera, un reino vedado para siempre a su clase? Esta
es una historia de tres cabellos dorados que tendieron un puente sobre 3,000
años de odio, de cómo los regalos más pequeños pueden portar la magia más
grande. Comencemos nuestro viaje en Lothlórien.
El Peso de la Historia
Lothlórien, donde una maltrecha
Comunidad encuentra consuelo y donde la vida de un enano cambia para siempre.
La Comunidad llega a Lothlórien abatida por el dolor tras la caída de Gandalf
en Moria. Para Gimli esto no es sólo un refugio, es un campo minado. Siglos de
derramamiento de sangre flotan en el aire: el asesinato de Thingol por el
Nauglamir, el saqueo de Doriath, incluso la compañía de Thorin encarcelada en
el Bosque Negro; los enanos no pertenecen a este lugar.
En las películas de Peter
Jackson, esta tensión se aborda con un toque de humor. La entrada de Gimli con
los ojos vendados a Lothlórien es a la vez incómoda y entrañable, pero en los
libros de Tolkien este momento es mucho más serio.
Gimli es una tormenta de orgullo
y miedo; en realidad, espera el desprecio hasta que la conoce a ella. Galadriel
no es sólo una dama elfa, es una leyenda viviente nacida en Valinor. Fue
testigo de la luz de los Dos Árboles, desafió a los Valar y sobrevivió a los
horrores de la Primera Edad. Su presencia es un recordatorio de todo lo que el
pueblo de Gimli ha perdido y contra lo que han luchado. Sin embargo, cuando su
mirada recae sobre él no siente juicio sino reconocimiento. Ella ve el corazón
del enano, su lealtad, su coraje, su anhelo oculto por la belleza, y en ese
momento los muros de Gimli se derrumban.
No pide oro ni gloria sino un
solo cabello, una petición tan audaz que deja atónita a la Comunidad.
"Le
pedí un cabello de su cabeza dorada. Ella me dio tres".
El Lenguaje de los Cabellos
En la Tierra Media el cabello no
es sólo un adorno, es poder, un símbolo de herencia, identidad y, a veces,
incluso desafío.
Lúthien Tinúviel: La Belleza
como Poder
Lúthien Tinúviel no era una
guerrera; no blandía espada ni lanza. Sin embargo, cuando se enfrentó a
Morgoth, el primer Señor Oscuro, no luchó con acero, sino con belleza. Mientras
cantaba, soltó su cabello, un velo de sombra y encantamiento, y con él tejió un
hechizo tan profundo que Morgoth, en todo su poder, cayó en un sueño del que no
pudo resistirse.
Su cabello no es sólo hermoso, es
hipnótico, un símbolo de su espíritu indomable. El propio Tolkien describió a
Lúthien como la más grande de todos los Eldar y los Hombres. En una de sus
cartas, Tolkien escribió que “su fuerza no residía en la guerra, sino en su
capacidad de desafiar la oscuridad sin convertirse en ella”. Esta es la
verdadera naturaleza de la belleza en el mundo de Tolkien: no es pasiva ni
frágil, sino una fuerza, un desafío a la voluntad de los tiranos.
Lúthien
La Marca Divina de la Belleza
La belleza en la Tierra Media,
sin embargo, no siempre es desafío. A veces, es una marca de lo divino. Los
Vanyar, los elfos más hermosos, llevaban cabellos como hilos de sol, y en sus
doradas melenas portaban los últimos ecos de un mundo anterior al sol y la
luna. En el mundo de Tolkien, la luz no es sólo iluminación: es pureza,
sabiduría y la presencia de lo divino. El cabello dorado de los Vanyar es una
señal externa de su vínculo inquebrantable con los Valar.
La Luz Única de Galadriel
Luego está Galadriel. Su cabello
es diferente; es más que dorado. Es un reflejo tanto de la luz de los Dos
Árboles como de algo más, algo que ni siquiera Fëanor pudo comprender. Es la
mezcla perfecta de la plata de Telperion y el oro de Laurelin, capturando un
resplandor que debió haberse perdido cuando los Árboles fueron destruidos.
Fëanor, el mayor artesano de la
historia élfica, le suplicó por un solo cabello. Vio en su cabello un eco
viviente de la luz que deseaba capturar para siempre en los Silmarils. Tres
veces le suplicó; tres veces ella se negó. Tolkien narra este episodio en "Cuentos
inconclusos" y en "El Silmarillion", y lo retoma en la carta
348, donde explica que el nombre Galadriel significa "dama coronada con
cabellos brillantes". Tolkiengateway
Esta negativa no fue sólo un
rechazo personal; fue una declaración sobre la naturaleza misma del poder. La
verdadera belleza, la verdadera luz, no puede ser poseída: debe recibirse como
un regalo.
La Petición de Gimli: Un Punto
de Inflexión
Siglos después, se hizo una
petición diferente, una que no buscaba poseer, sino honrar. Esto nos lleva al
momento que cambió la historia. Cuando Gimli se presenta ante Galadriel, hace
lo que ningún enano había hecho antes: pide nada más que un solo cabello de
ella.
Esta petición es impactante, no
por lo que pide, sino por cómo lo pide. A diferencia de Fëanor, Gimli no busca
poseer la belleza de Galadriel. No exige, ni intenta capturarla en algún gran
artefacto. Simplemente quiere algo para recordarla, y esa es la diferencia.
A su vez, Galadriel no le da un sólo
cabello; le da tres, una inversión directa de su negativa a Fëanor. Tolkien
conecta directamente este momento con uno de los temas más importantes de El
Señor de los Anillos: el contraste entre el orgullo y la humildad, la codicia y
la admiración sincera. Esta escena se relata en "La Comunidad del
Anillo", capítulo "Adiós a Lórien", y se analiza en profundidad
en "Cuentos inconclusos" y "El Pueblo de la Tierra Media". Tolkiengateway
El Efecto Ondulante del Regalo
Esto es más que generosidad; es
un cambio sísmico. No sabemos exactamente si Galadriel comprendía la
importancia de su acción, pero aquí reescribe la historia. Durante siglos,
elfos y enanos fueron enemigos acérrimos, atados por la codicia, la traición y
heridas demasiado profundas para sanar. Sin embargo, aquí, en este momento
silencioso bajo las hojas doradas de Lothlórien, una dama élfica honra a un
enano. No sólo reconoce su valía, lo eleva.
Cuando Galadriel entrega su
regalo, la Comunidad queda atónita. Legolas, hijo de Thranduil, queda
paralizado, sus agudos ojos élficos se agrandan, luchando por procesar lo que
acaba de presenciar. Nunca, en todos los largos años de su pueblo, había visto
tal cosa: un enano recibiendo no desprecio, sino honor. Boromir se mueve
incómodo, mirando entre ellos como si presenciara algo sagrado que aún no puede
comprender. Incluso Aragorn, siempre sereno, baja la mirada, sintiendo el peso
de este momento en la historia de sus pueblos.
Cuando Gimli acepta los cabellos
dorados, sus manos toscas tiemblan y hace algo que ningún enano había hecho
antes: se inclina, una profunda reverencia ante un elfo. Las heridas de las
eras no sanan de la noche a la mañana, pero a veces la sanación comienza con
algo tan pequeño como un regalo dado libremente.
El Improbable Constructor de
Puentes
El regalo de Galadriel
reconfigura el alma de Gimli. El enano que antes se burlaba de los árboles y
las estrellas élficas ahora defiende su belleza. Pero el verdadero impacto de
este momento, el verdadero legado del regalo de Galadriel, no es sólo sobre
Gimli; es sobre lo que puso en marcha.
Hablemos de Legolas e
incluyámoslo en esta conversación. Un acto de gracia, una bondad inesperada,
plantó la semilla de algo que la Tierra Media no había visto en siglos: una
amistad entre elfo y enano. Los cabellos de Galadriel fueron más que un regalo:
fueron una invitación, un puente, un desafío a la historia misma. Gimli, sin
siquiera darse cuenta, aceptó ese desafío. Al hacerlo, no sólo rehízo su propio
destino, sino el mundo que lo rodeaba.
Desde el momento en que Gimli y
Legolas se encuentran juntos en las almenas del Abismo de Helm, su amistad se
forja en el fuego. Lo que comienza como una tolerancia cautelosa se transforma
en algo que Tolkien rara vez muestra entre elfos y enanos: camaradería genuina.
Su rivalidad por matar orcos es un toque humorístico, pero también un eco
directo del regalo de Galadriel. Ya no se trata de que una raza demuestre ser
superior a la otra; es una búsqueda compartida, una celebración de la habilidad
y la supervivencia.
Una Amistad Forjada
Sin el regalo de Galadriel,
¿habría ocurrido este momento? ¿Habría visto Gimli alguna vez a Legolas como
algo más que un elfo arrogante? ¿Habría Legolas mirado más allá de siglos de
desconfianza para ver realmente a su compañero? Ese pequeño acto de bondad en
Lothlórien es lo que hace posible este momento: abre la puerta, y aquí, en el
caos de la batalla, la atraviesan juntos.
Pero su amistad no se trata sólo
del campo de batalla. Tras la Guerra del Anillo, cuando los fuegos del
conflicto se extinguen, habría sido fácil que cada uno siguiera su camino. En
cambio, eligen recorrer juntos la Tierra Media. Aquí vemos una vez más la
influencia de Galadriel, porque es Gimli quien primero enseña a Legolas lo que
significa ver belleza fuera de su propio mundo.
Gimli invita a Legolas a las
profundidades de las Cavernas Centelleantes: vastos salones de piedra viva,
brillando con colores y texturas invisibles para la mayoría. En ese momento,
Legolas hace algo raro para un elfo: admite que estaba equivocado. Por primera
vez, Legolas contempla la artesanía enana sin que siglos de desconfianza nublen
su mirada. No sólo reconoce su belleza, se siente humilde ante ella. “Ningún
elfo podría haber soñado tal belleza”, dice Legolas.
Cuando Legolas lleva a Gimli a
las profundidades de Fangorn, es el turno de Gimli de sentirse humilde. El
enano que antes se reía de las canciones élficas sobre árboles ahora se
encuentra bajo los seres vivos más antiguos de la Tierra Media. “Se hablan entre
sí”, le dice Legolas, “pero es lento, muy lento”. Y Gimli escucha, realmente
escucha. Este es el regalo de Galadriel en acción. Nunca se trató de los
cabellos en sí; se trataba de abrir el corazón de Gimli lo suficiente para que
él, a su vez, pudiera abrir el de Legolas. No sólo se toleran, aprenden a ver.
Reconstruyendo la Tierra Media
Aquí es donde el verdadero
impacto del regalo de Galadriel se hace claro. Legolas y Gimli no sólo
comparten aventuras: trabajan juntos para reconstruir la Tierra Media. Gimli
lidera a su gente para restaurar las puertas arruinadas de Minas Tirith,
forjando algo más fuerte que lo anterior. Legolas lleva elfos a Ithilien,
haciéndolo hermoso una vez más. Juntos, logran lo que sus antepasados no
pudieron: crean.
Esto, creo, es lo que Galadriel
vio en Gimli aquel día en Lothlórien: el potencial para algo más grande. El
potencial de un enano que no sólo llevaría resentimiento, sino que portaría los
primeros hilos de la reconciliación. Su regalo cambió a Gimli, cambió a Legolas
y, a través de ellos, cambió el mundo.
El Viaje Imposible
Pero no importa cuán profundo sea
su vínculo, la Tierra Media está cambiando. Los elfos se marchan; comienza la
era de los hombres. El llamado del mar resuena en el corazón de Legolas,
susurrándole sobre costas lejanas. Entonces, un día, toma su decisión: zarpará,
y con él irá Gimli.
Detente y maravíllate de lo
inmenso que es esto. Ningún enano había puesto pie en Valinor; a ningún enano
se le había permitido cruzar el mar. Pero el amor de Gimli por Galadriel, su
amistad con Legolas, lo cambia todo. Los Valar lo permiten.
Imagina ese momento: el barco
deslizándose hacia el oeste, el aire brillando con una luz invisible en tierras
mortales, y allí, en la cubierta, está un enano, un hijo de Aulë, contemplando
las Tierras Imperecederas. Es el testamento final de una amistad que trascendió
todas las barreras de raza, historia y destino. Y todo comenzó con una petición
audaz pero honesta, y un acto de bondad en respuesta. Con tres cabellos, el
viaje de Gimli termina donde ningún enano ha llegado jamás.
El Significado del Regalo de
Galadriel
Para la mayoría, las Tierras
Imperecederas son un misterio: un reino de leyenda, un destino inalcanzable
para los mortales. Es el hogar de los Valar, la tierra de los Eldar. No es un
lugar de juicio, ni es el cielo; es un derecho de nacimiento. Los elfos
regresan a casa, los mortales se desvanecen: ese es el orden natural. Y sin
embargo, un enano, un hijo de las montañas, sube a un barco y navega hacia el
oeste.
Este momento es más que inédito:
es imposible según todas las leyes conocidas de la Tierra Media. Los Valar no
crearon a los enanos; Aulë los formó en secreto, desafiando el diseño original
de Ilúvatar. Aunque se les concedió vida, nunca formaron parte del gran plan.
No fueron contados entre los Primeros Nacidos, ni se les otorgó la gracia de
los Eldar. Su destino desde el principio fue permanecer ligados a la piedra y
la tierra de la Tierra Media.
Aquí, por fin, se revela el
verdadero peso del regalo de Galadriel. Su cabello no era sólo un símbolo: era
una llave. Marcó a Gimli como algo más que un guerrero, más que un enano. Lo
convirtió en Amigo de los Elfos, un título raramente otorgado, reservado para
figuras como Beren, Túrin y Tuor. Pero incluso esos grandes héroes, figuras
legendarias, nunca pusieron pie en Valinor estando vivos. Gimli sí.
J. R. R. Tolkien
Tolkien nunca nos dice
explícitamente por qué los Valar le concedieron el paso, pero podemos ver la
respuesta escrita en los ecos de la historia. No fue sólo por Legolas; fue por
el propio Gimli: por su corazón, su lealtad y, sobre todo, por la forma en que
contempló la luz de Galadriel con reverencia, no con codicia. La misma luz que
Fëanor buscó poseer, Gimli sólo quiso honrarla.
Un Puente a Través de las
Edades
Cuando Aulë creó a los enanos, lo
hizo por amor y anhelo. Quería dar vida, llenar el mundo de seres que
compartieran su pasión por la creación. Pero Ilúvatar le recordó que no podía
darles vida verdadera: eso estaba más allá de su poder. Así que los enanos
quedaron bajo la voluntad de Ilúvatar, su despertar sólo cuando los Primeros
Nacidos, los elfos, hubieran tomado su lugar en Arda. En ese momento, una
división quedó escrita en los huesos del mundo. Enanos y elfos caminarían por
siempre caminos distintos: una raza nacida de la canción divina, la otra
formada de piedra, dos creaciones por siempre separadas.
Pero aquí, en el viaje de Gimli,
ocurre algo milagroso. Esa división se supera. Los hijos de Aulë y los Primeros
Nacidos de Ilúvatar finalmente se reconcilian. La piedra se encuentra con la
luz de las estrellas, el arte con la canción, y todo esto, todo, comenzó con
tres cabellos dorados.
El Poder de la Bondad
El regalo de Galadriel a Gimli
nunca fue sólo un gesto de bondad; fue el reconocimiento de algo mayor: una
visión de un futuro donde elfos y enanos ya no estarían atados por las heridas
del pasado, donde un enano nacido de la tierra podría contemplar la luz del
Oeste y ser bienvenido en casa.
Imagina la llegada de Gimli a las
Tierras Imperecederas. Este momento, pequeño y silencioso, es la culminación de
una historia de transformación. Es la consecuencia final de un simple acto de
gracia. Galadriel le dio a Gimli un regalo, y al final, ese regalo lo llevó a
algo mucho más grande de lo que jamás pudo imaginar.
Una Historia No Escrita
Siempre me asombra la profundidad
del mundo de Tolkien. Casi imperceptiblemente, gira sobre pequeñas bisagras: la
compasión de un hobbit, la lealtad de un jardinero, unos cabellos dorados. El
regalo de Galadriel fue una bisagra que no borró mágicamente las cicatrices del
pasado. Nunca deshizo siglos de desconfianza, al menos no de la noche a la
mañana: las heridas entre elfos y enanos eran demasiado profundas, demasiado
antiguas.
Lo que hizo fue algo más
poderoso: demostró que las viejas heridas podían empezar a sanar, que una
enemistad antigua, que se creía grabada en piedra, podía cambiar. Porque
incluso la piedra, en manos de un maestro, puede ser moldeada en algo nuevo.
Tres cabellos: un regalo, un
puente, una bisagra y un recordatorio de que, incluso en un mundo de reyes
poderosos y señores oscuros, a veces el mayor poder es simplemente la bondad.
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Referencias
J.R.R. Tolkien, "El Señor de los Anillos: La
Comunidad del Anillo", capítulo "Adiós a Lórien".
J.R.R. Tolkien, "Cuentos inconclusos",
"La historia de Galadriel y Celeborn".
J.R.R. Tolkien, "El Pueblo de la Tierra
Media", "El Shibboleth de Fëanor".
J.R.R. Tolkien, "Las cartas de J.R.R.
Tolkien", carta 348 (sobre el nombre y el cabello de
Galadriel).tolkiengateway
En esta fecha su Santidad, León XIV, convocó a un diálogo con personalidades y trabajadores de la industrial del cine, tanto italiana como internacional. Entre las personas más reconocidas por el público asistieron; Cate Blanchett (Galadriel), Viggo Mortensen (Aragorn),
Mónica Bellucci (Malena), Dario Argento, Marco Bellocchio, Laura
Citarella, María Grazia Cucinotta, Christian De Sica, Matteo Garrone, Emir
Kusturica, Spike Lee, George Miller, Noé Gaspar, Chris Pine, Gus van Sant,
Albert Serra, Giuseppe Tornatore, entre otros.
Este es el texto del discurso papal.
"En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con ustedes!
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Aunque el cine tiene ya más de un siglo de existencia, sigue siendo un arte joven, onírico y algo inquieto. Pronto celebrará su 130º aniversario, contando desde la primera proyección pública de los hermanos Lumière en París el 28 de diciembre de 1895. Desde sus inicios, el cine fue un juego de luces y sombras, diseñado para divertir e impresionar. Sin embargo, estos efectos visuales pronto lograron transmitir realidades mucho más profundas, convirtiéndose finalmente en una expresión del deseo de contemplar y comprender la vida, de relatar su grandeza y fragilidad y de retratar el anhelo de infinito.
Queridos amigos, me alegra saludarlos y darles la bienvenida. También expreso mi gratitud por lo que representa el cine: un arte popular en el sentido más noble, destinado y accesible para todos. Es maravilloso ver que cuando la luz mágica del cine ilumina la oscuridad, simultáneamente enciende los ojos del alma.
De hecho, el cine combina lo que parece ser mero entretenimiento con la narración de la aventura espiritual de la persona humana. Una de las contribuciones más valiosas del cine es ayudar al público a considerar sus propias vidas, mirar la complejidad de sus experiencias con nuevos ojos y examinar el mundo como si fuera la primera vez. Al hacerlo, redescubren una parte de la esperanza que es esencial para que la humanidad viva plenamente. Me reconforta pensar que el cine no son solo imágenes en movimiento; ¡pone en movimiento la esperanza!
Cate Blanchett (Galadriel en ESDLA y El Hobbit) y León XIV.
Entrar en una sala de cine es como cruzar un umbral. En la oscuridad y el silencio, la visión se agudiza, el corazón se abre y la mente se vuelve receptiva a cosas aún no imaginadas. En realidad, saben que su arte requiere concentración. A través de sus producciones, se conectan con personas que buscan entretenimiento, así como con quienes llevan en su corazón una inquietud y buscan sentido, justicia y belleza.
Viggo Mortensen (Aragorn en ESDLA) y León XIV.
Vivimos en una época en la que las pantallas digitales están siempre encendidas. Hay un flujo constante de información. Sin embargo, el cine es mucho más que una pantalla; es un cruce de deseos, recuerdos y preguntas. Es un viaje sensorial en el que la luz atraviesa la oscuridad y las palabras se encuentran con el silencio. A medida que la trama se desarrolla, nuestra mente se educa, nuestra imaginación se amplía e incluso el dolor puede encontrar un nuevo significado.
Las instalaciones culturales, como los cines y teatros, son el corazón palpitante de nuestras comunidades porque contribuyen a hacerlas más humanas. Si una ciudad está viva, es en parte gracias a sus espacios culturales. Debemos habitar estos espacios y construir relaciones en ellos, día tras día. Sin embargo, los cines están experimentando un preocupante declive, y muchos están siendo retirados de ciudades y barrios. Más de una persona dice que el arte del cine y la experiencia cinematográfica están en peligro. Insto a las instituciones a no rendirse, sino a cooperar para afirmar el valor social y cultural de esta actividad.
La lógica de los algoritmos tiende a repetir lo que “funciona”, pero el arte abre lo posible. No todo tiene que ser inmediato o predecible. Defiendan la lentitud cuando sirve a un propósito, el silencio cuando habla y la diferencia cuando es evocadora. La belleza no es solo un medio de escape; es sobre todo una invocación. Cuando el cine es auténtico, no solo consuela, sino que desafía. Articula las preguntas que habitan en nosotros y, a veces, incluso provoca lágrimas que no sabíamos que necesitábamos expresar.
León XIV y Stefania Sandrelli (Malena, 1900, El Conformista).
En este Año Jubilar, la Iglesia nos invita a caminar hacia la esperanza; su presencia aquí, desde tantos países diferentes, y su trabajo artístico en particular, es un ejemplo brillante. Como tantos otros que vienen a Roma desde todo el mundo, ustedes también están en camino como peregrinos de la imaginación, buscadores de sentido, narradores de esperanza y heraldos de humanidad. Su viaje no se mide en kilómetros, sino en imágenes, palabras, emociones, recuerdos compartidos y deseos colectivos. Navegan esta peregrinación hacia el misterio de la experiencia humana con una mirada penetrante capaz de reconocer la belleza incluso en las profundidades del dolor y de discernir la esperanza en la tragedia de la violencia y la guerra.
La Iglesia los estima por su trabajo con la luz y el tiempo, con rostros y paisajes, con palabras y silencio. El Papa San Pablo VI dijo una vez a los artistas: “Si son amigos del arte genuino, son nuestros amigos”, recordando que “este mundo en el que vivimos necesita la belleza para no hundirse en la desesperación” (Discurso de Pablo VI a los artistas, 8 de diciembre de 1965). Quiero renovar esta amistad porque el cine es un taller de esperanza, un lugar donde las personas pueden volver a encontrarse y encontrar su propósito.
Quizás podríamos tener en cuenta las palabras de David W. Griffith, uno de los grandes pioneros del séptimo arte. Dijo una vez: “Lo que le falta al cine moderno es belleza, la belleza del viento moviéndose en los árboles”. Su referencia al viento no puede dejar de recordarnos un pasaje del Evangelio de Juan: “El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu” (3:8). En este sentido, queridos cineastas experimentados y noveles, los invito a hacer del cine un arte del Espíritu.
En la época actual, se necesitan testigos de esperanza, belleza y verdad. Ustedes pueden cumplir ese papel a través de su trabajo artístico. El buen cine y quienes lo crean y protagonizan tienen el poder de recuperar la autenticidad de las imágenes para salvaguardar y promover la dignidad humana.
León XIV y Spike Lee.
No tengan miedo de enfrentar las heridas del mundo. La violencia, la pobreza, el exilio, la soledad, la adicción y las guerras olvidadas son cuestiones que deben ser reconocidas y narradas. El buen cine no explota el dolor; lo reconoce y lo explora. Esto es lo que han hecho todos los grandes directores. Dar voz a los sentimientos complejos, contradictorios y a veces oscuros que habitan en el corazón humano es un acto de amor. El arte no debe rehuir el misterio de la fragilidad; debe comprometerse con él y saber permanecer ante él. Sin ser didácticas, las formas auténticamente artísticas del cine poseen la capacidad de educar la mirada del público.
Para concluir, la realización cinematográfica es un esfuerzo comunitario, una empresa colectiva en la que nadie es autosuficiente. Si bien todos reconocen la habilidad del director y el genio de los actores, una película sería imposible sin la silenciosa dedicación de cientos de otros profesionales, incluidos asistentes, encargados, utileros, electricistas, ingenieros de sonido, técnicos de equipos, maquilladores, peluqueros, diseñadores de vestuario, encargados de locaciones, directores de casting, directores de fotografía, directores musicales, guionistas, editores, técnicos de efectos especiales y productores… ¡Espero no haber olvidado a nadie, pero son tantos! Cada voz, cada gesto y cada habilidad contribuye a una obra que solo puede existir como un todo.
En una época de personalidades exageradas y confrontativas, ustedes demuestran que crear una película de calidad requiere dedicación y talento. Gracias a los dones y cualidades de quienes los rodean, todos pueden hacer brillar su carisma único en un ambiente colaborativo y fraterno. Que su cine sea siempre un lugar de encuentro y un hogar para quienes buscan sentido y un lenguaje de paz. Que nunca pierda su capacidad de asombrar y continúe ofreciéndonos, aunque sea un pequeño destello, del misterio de Dios.
Que el Señor los bendiga, a su trabajo y a sus seres queridos. Y que siempre los acompañe en su camino creativo y los ayude a ser artesanos de esperanza. Gracias.